You are hereArte / Spencer Tunick en Buenos Aires: A seis años

Spencer Tunick en Buenos Aires: A seis años


By Alberto Auné - Posted on 07 Abril 2008

Buenos Aires, 5 de abril de 2002: Cuerpos libres en la selva de cemento

El 5 de abril de 2002 visitó Buenos Aires el fotógrafo estadounidense Spencer Tunick.
Su especialidad es tomar la imagen del cuerpo humano desnudo en la ciudad, invadiendo la contaminación visual a la que estamos acostumbrados con lo natural de la persona tal cual es, sin aditamentos que disimulen o escondan nada.
Este cuerpo aparece en multitud, por lo que no es una fotografía de alguien en particular sino de cientos o miles de personas; nadie se destaca de forma especial sino que es parte de un todo.
Esa visita, en la que tomó imágenes de cientos de cuerpos en la avenida 9 de Julio, teniendo como fondo el Obelisco, fue parte de una gira mundial en la que hubo en algunas ciudades, como Barcelona y Santiago de Chile, miles de participantes.
Sus obras, además de ser publicadas en portales de internet y en libros de arte, están expuestas en importantes museos, como el de Nueva York.
Podemos conocer su trabajo poniendo en algún buscador de internet, como google, su nombre entre comillas: "Spencer Tunick".

Ese día fui uno de los cerca de 500 valientes que nos atrevimos a posar en el centro de la ciudad, sin importarnos el qué dirán ni las cámaras de fotografía y televisión, además de cientos de curiosos, que se hicieron presentes sin importar lo temprano de la hora, un sábado en que las fotos se tomaron a las siete de la mañana.
Habíamos respondido, sin conocernos entre nosotros, a una convocatoria por email, impulsada por el diario La Nación entre otros medios.
Ya conocía la trayectoria de Spencer Tunick, por lo que no vacilé en inscribirme y ser uno de los primeros en llegar, dispuesto a participar en las fotos aunque fuera la única persona en hacerlo.
Pero el correr de los minutos me mostró que no estaba solo en esa inolvidable experiencia; iban llegando e inscribiéndose hombres, mujeres y parejas.
Como recuerdo cada participante recibió una copia de la fotografía principal firmada por Spencer Tunick. Hubo otras fotografías, pero por ahora comparto ésta.
Además, la entidad organizadora, ArteBA, pidió a quienes quisieran dejar un testimonio escrito que lo hicieran. Lo hice, y también lo comparto, a seis años de aquella jornada para el recuerdo.

CON SPENCER TUNICK EN BUENOS AIRES

Alberto Auné

Llegamos desde distintos puntos de Buenos Aires, algunos de otras ciudades, y también de diferentes historias y edades.
Quienes como yo habían llegado solos se integraron enseguida a ese grupo de audaces, que enfrentarían a un mundo –representado por curiosos y por medios de difusión- en el que muchos no comprenderían esa motivación de comenzar un día de esa manera.
También cuando llegamos no sabíamos cuántos seríamos. Decenas, centenas, quizás miles como en algunas ciudades de Europa... Esa fue otra audacia: ser parte de la pregunta y también de la respuesta, que cifró en algo menos de quinientos el número de valientes.
Cuando dejamos la ropa y comenzamos a correr, sabíamos que éramos parte de algo distinto, que comenzaba allí y que marcaría a cada uno por mucho tiempo.
Luego las fotos, caminar, posar, correr... volver a vestirnos ya sin ser los mismos de antes.
En la marcha por Avenida de Mayo hacia el café Tortoni muchos aplaudíamos espontáneamente; el caminante que pasaba no sabía qué, pero nosotros sí; era una celebración a la vida.
Animados a esto, otros objetivos en la vida ya no serían tan difíciles. Quien osa lo más, se atreve a lo menos.
Después nos separamos; cada uno por su lado, pero ya juntos aunque no volviéramos a vernos.
Pasó el tiempo, y aquel recuerdo quedó en mi corazón.
Cada tanto paso por aquel lugar, y me detengo, tratando de volver a vivir, al menos en la mente, lo ocurrido.
Una vez leí que en el campo donde se celebrara décadas atrás el festival musical de Woodstock, cada tanto alguien –ya con canas por el paso del tiempo- se sienta solo y mira el horizonte; ya no están los escenarios ni hay hippies que escuchen a Joe Cocker, Joan Baez y Santana, entre tantos que honraron ese lugar cuando finalizaba la década del sesenta. Sin embargo, en esos prados quedó la fuerza de quienes, pasado el tiempo, tienen el orgullo de decir “Yo estuve ahí”.
En la pequeña plazoleta miro la avenida, los autos, el mundo que pasa velozmente sin comprender.
Uno de mis sueños es que alguna vez, cuando lo haga, haya alguien que se acerque y me diga: “Yo también estuve aquí”, y juntos mirar desde esos metros de pasto el mundo que pasa veloz y se detuvo para nosotros una mañana de abril de 2002.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd> <b> <i> <img> <h2> <h3> <h4> <h5> <h6> <blockquote> <font> <sup> <sub> <strike> <p> <br> <hr>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Youtube and google video links are automatically converted into embedded videos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Se pueden agregar imágenes a este envío.

Más información sobre opciones de formato



Noticias de América

Locations of visitors to this page

Recibe las novedades en RSS feeds en formato XML.

XML feed Todos los contenidos.
Syndicate content Por Usuarios y Categorías.