A lapiz y a papel
Nada era tan real, de recordar y de respirar. Solía decirse a sí mismo, aquel escritor, mientras comenzaba su inspiración, mas aún no conseguía plasmar la magia y la melodia de sus palabras. Y es así, como las tardes y los dias se burlaban de su truncada intención.
Suministrando el silencio, en medio de vagos pensamientos, apostando a su fé, a todo lo que daba que daba paso al conocimiento, plasmando a la lapiz y a papel.
