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CARTA PÚBLICA A MI AMIGO JAVIER OROPEZA ÁLVAREZ
CARTA PÚBLICA A MI AMIGO JAVIER OROPEZA
Por: Leonardo Pereira Meléndez
Como hombre formado en la cultura y como hacedor de lluvias—azotado muchas veces por beldades féminas; repudiado por trovadores de cartel, igualmente-- debo confesarte una suerte de asombro que desde hace unos días--subjetivamente, claro-viene molestándome. Me he enterado a través de tú periódico-- “El Diario de los Torrenses”, según el slogan-- que, sin consultar siquiera con el pueblo de Carora, nuestra amada Carora, porque me consta que de verdad la amas, decidiste constituir tu “Comando de Campaña” nada menos que en la sede del famoso “Naranjo”, esto es, en la casa donde nació EL DIARIO DE CARORA, la más prestigiosa e ilustrada Universidad que ha tenido nuestra ciudad. ¿Qué le habrá pasado a Javier?--pensé--, pues no me resulta cómodo emitir un juicio de alguien que, de alguna manera, está relacionado con el periodismo; y, mucho menos, de una persona que dio sus primeros inicios en el cosmos de la cultura, precisamente, en la esfera donde se formaron prohombres como don Cecilio Zubillaga Perera, don Agustín Oropeza, don José y don Antonio Herrera Oropeza, don Alirio Díaz, don Antonio Crespo Meléndez, don Isaías y don Víctor Julio Ávila, don José Numa Rojas, donde publicaron por primera vez sus poemas y escritos, los gloriosos rapsodas Alí Lameda, Luis Beltrán Guerrero, Marco Aurelio Rojas, Dimas Franco Sosa, donde se iniciaron los más grandes fablistanes del siglo XX venezolano, Héctor Mújica, Federico Álvarez, Juan Páez Ávila, José Ángel Ocanto, Jorge Euclides Ramírez, José (Cheíto) Herrera Oropeza, Jesús Antonio Herrera, donde se hicieron grandes escritores y fabuladores, mutantes de la literatura, creadores de himnos y exaltaciones, como don Guillermo Morón, Juandemaro Querales, Luis Alberto Crespo, Cécil Álvarez Yépez, Jesús Enrique León, Luis Oropeza Vásquez, Lino Coronel, Fernando Briceño Álvarez, donde publicaron sus primeras investigaciones científicas, los más preclaros hijos de la medicina pediátrica y psiquiátrica de Venezuela: Pastor Oropeza Riera y Ricardo Álvarez; donde, finalmente, se formó y educó, la mayor pléyade de intelectuales, humanistas, músicos, científicos que ha tenido el país en toda su historia contemporánea. Ello mi estimado Javier, constituye--y tú bien lo sabes—un bárbaro sacrilegio, una involución hacia el abstraído pensamiento humano. ¿Acaso tus afanes electorales te hicieron olvidar que EL DIARIO DE CARORA, tú Universidad, mí Universidad, fue declarada PATRIMONIO CULTURAL DE LOS TORRENSES, y solo de esa comprensiva perspectiva, “La Casa del Naranjo”, merece respeto y nunca jamás el recuerdo de ese faro de luz puede ser salpicado por el estercolero de la política? Tengo entendido que el Dr. Luis Gerardo Oropeza te donó la biblioteca de su padre, el negro Luis Oropeza Vásquez; que sumada a la pequeña pero significativa de Juandemaro Querales—quien está organizándola para obsequiártela—significara para el estudiantado torrense una ventana abierta para estudiar a los más colosales pensadores del mundo, como Amédée Jacques (1813-1865), Luis Pereira Barreto (1840-1923), Andrés Bello (1781-1865), Simón Bolívar (1783-1830), Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), Manuel Díaz Rodríguez (1868-1927), Rubén Darío (1867-1916), José Asunción Silva (1870-1919) y--a ver, a ver, ah, sí ya me acordé—a Walt Whitman (1819-1892, creo) el mismo bardo americano de poesía oscilante que leyó—deficientemente-- en Yare nuestro antiimperialista y sobresaliente Presidente Hugo Rafael Chávez Frías. Así sabrán y concebirán las razones por las cuales en la galería de fotos que había en la sede de EL DIARIO DE CARORA, entre las que yo recuerdo, y se me vienen en mente, la de don José Herrera Oropeza, don Agustín Oropeza, don Antonio Herrera Oropeza, don Federico Carmona, don Otto Herrera Oropeza, don Chío Zubillaga Perera, don Víctor Julio Ávila, doña Lila de Herrera Oropeza, Dr. José (Cheíto) Herrera Oropeza, y donde estaba—anda Javier acuérdate conmigo, has un poco de memoria—un ejemplar del periódico La Patria, primer diario fundado en Carora, y se exhibían las incontables condecoraciones y reconocimientos recibidos por don Antonio Herrera Oropeza. Permíteme elucubrar algunas interrogantes: ¿ Qué habría pensado don Antonio Herrera Oropeza al ver que en el sitio donde estaba la fotografía de su padre y fundador de EL DIARIO DE CARORA, ahora estará la foto del “Filósofo del Zulia”, Manuel Rosales; que en el lugar donde estaba la fotografía del primer redactor de EL DIARIO DE CARORA, don Agustín Oropeza, ahora estará la de una persona que nunca ha escrito nada ni siquiera un artículo de opinión, pero usa, pomposamente, el título de periodista, como es, tú astuto mentor político, Orlando Fernández Medina? Por ello digo que así sabrán esos muchachos diferenciar la barbarie del complejo existencialismo nacional de la cultura—quehacer del hombre—para rescatar así las actividades propias de escuela, como la ideó ese sabio que se llamó don Cecilio Acosta. ¿Qué le pasa a Javier?—pensé y he pensado estos últimos días---. ¿Habrá olvidado dónde publicó sus primeros escritos? ¿Qué se hizo el apasionado poeta que colocaba los ideales supremos de la cultura por encima de sus intereses personales? Recuerdo, además, que Jesús Antonio Herrera, te escribió el prólogo de un poemario que te has negado a publicar, no sé si es porque prefieres que te llamen “político”, y no “poeta”, o porque el político—con sus contadísimas excepciones--- se enriquece rápidamente, en cambio, el poeta, lo hace—se vuelve rico—de fantasías, pasando toda su vida fundando Repúblicas, como lo hizo Caupolicán Ovalles, y lo hace actualmente Jesús Enrique León, noble poeta tan sencillo como la risa de un niño merideño. Quisiera terminar estas líneas, diciéndote algo que tú sabes, pero te haces el pendejo: son muchas las personas—verbigracia, Juan Perera, por solo citar, al voleo, un nombre--- que no vieron con agrado que decidieras instaurar tu “Comando de Campaña”, en la sede de EL DIARIO DE CARORA. Que no te lo digan, obviamente, por prevención, es otra vaina. Tú has podido alquilar una casa, otro inmueble para ese fin. A mí, particularmente, me ha parecido desacertado lo que hiciste. Por consiguiente, Javier, como amigo y ahijado tuyo que soy, te pido que rectifiques. Te lo pido de corazón. No permitas que digas de ti— como dijo el poeta Juan Vicente González (1811-1866) del General José Antonio Páez (1790-1873)--: “¡Insensato, has destruido la leyenda que te inventó mi cariño!”.
leopermelcarora@yahoo.es







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