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LOS DEMONIOS INTERIORES EN LA POESÍA DE LEONARDO PEREIRA MELENDEZ ( ESCRITO POR MIGUEL PRADO)


By LEONARDO PEREIR... - Posted on 31 Diciembre 2007

Miguel Prado

LOS DEMONIOS INTERIORES EN LA POESÍA DE LEONARDO PEREIRA MELÉNDEZ

DIRECCIÓN EDITORIAL
MIGUEL PRADO

DIAGRAMACIÓN
YENEYDIS E. PEREIRA M.

Ilustración de Carátula

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Primera Edición 2.007
© Miguel Prado
© Editorial Berkana
Apartado de Correos 233 C.P. 2121 – A
La Victoria – Edo. Aragua
Venezuela
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Impreso en Venezuela

AGRADECIMIENTO

Deseo expresar mi gratitud a los familiares de Leonardo Pereira Meléndez, Juandemaro Querales, Doraima Jayaro y los miembros del Ateneo de Carora “Guillermo Morón”, por su apoyo, mediante el cual hicieron posible la edición de este libro.

“Conozco gran parte de la obra poética de Leonardo Pereira Meléndez, pero siendo sincero, considero que este volumen es una muestra de su transitar por la madurez buscada, aquí, en estos versos se hace gala de un cuidadoso trabajo”.

Juandemaro Querales
“Lacerado”

“La poesía de Leonardo Pereira Meléndez tiene el don de comunicar vivencias, sueños y preocupaciones de un hombre de esto tiempos. Se revela allí, lo que acontece en el mundo más lejano y más cercano. Un hondo sentimiento vital, hace de este trabajo poético, imagen trasparente de un creador que arriesga oficio, en búsqueda permanente por enaltecer con sus letras cada paso ofrendado en la vida”
Eddy Rafael Pérez
“Confesiones a media luna”
Celebratorio.

INTRODUCCIÓN

Al hacer un recordatorio por la más reciente poesía venezolana, notamos que ha existido un auge relativamente progresivo, paralelamente la crítica literaria no avanza con el ritmo en manuales y ensayos, estudios sistemáticos y conferencias dentro y fuera del continente. Dentro de esa fauna de noveles escritores emerge Leonardo Pereira Meléndez, quien llega a la media docena de libros, repartidos entre la poesía y el ensayo; situación que ha despertado el interés para hacer un recorrido sobre algunos aspectos relacionados con su obra en general, tal cual como podemos ubicar en su quehacer creativo. Una de las tantas inquietudes que podemos citar es una incursión en la investigación literaria y en su permanente búsqueda de arreglar razonamientos significativos en torno a su evolución estética. Otro instrumento es el de su pasantía por los talleres literarios y el camino de la tutoría por parte de escritores como Tito Núñez Silva, Eddy Rafael Pérez y Juandemaro Querales, quienes se han preocupado por brindarle a su iniciativa intelectual el peso especifico de la escritura.

Aunque Leonardo Pereira Meléndez es un escritor de las nuevas promociones literarias, podemos enfocar este trabajo sobre las premisas de su actividad como ensayista y para concluir en su orbe poético reciente: el autor de una muestra inédita nos permite dar un viaje por la totalidad de su poesía y de su curioso libro de ensayos Corte de Apelaciones.

De las lecturas de sus escrituras en permanente crecimiento, nos permitimos desentrañar situaciones relevantes en su transitar hacia un rito de la palabra más prodigioso, apreciando que con el correr del tiempo podría alcanzar trabajos más ambiciosos y de designios imperecederos.

La intuición investigativa nos hace presumir que el autor de Lacerado, como un oficiante de letras, ayuda a la compresión de la historia que día a día nos involucra en nuestro destino como ciudadano de un país que trata de entrar al siglo con otra visión, tratando de asimilar lo que se viene haciendo luego de la postvanguardia como forma de modelo escriturario.

Al tratar de dar una visión sobre el objeto literario emprendido formalmente por Leonardo Pereira Meléndez, deseamos presentar el perfil de los elementos que dan cuerpo a su obra, donde él vacía sus tratados positivos, aportando una visión elemental de las subjetividades del entorno. Esto ha hecho posible que Pereira Meléndez haya incursionado en el amasijo de un lenguaje donde los mitos y las percepciones de la realidad, adquieren una terminología definida en el marco de la literatura que se hace actualmente a nivel nacional.

Esto nos lleva a profundizar en el análisis de la obra en conjunto de Leonardo Pereira Meléndez, el cual nos lleva a revisar su mundo literario elaborado con las licencias propias del lenguaje y codificado con valores intrínsecos con una materia que abarca la estructura a la creación misma, integrando sistemas complejos: elementos semiológicos destacados. De la captación de su incursión creativa trataremos de darle el código de la fisonomía de su obra lograda hasta el momento.

ESTAMPA MEMORIAL

La última década del siglo XX nos ofrece un panorama convulsionado en el plano político. En tiempo record vimos sucederse intentonas, sacudones y cambios de presidente por doquier en una Venezuela con una profunda crisis. A pesar de todo se originó un esplendor creativo que se nota con la fundación de muchas editoriales a lo largo de todo el territorio nacional. Esto abrió las posibilidades a los escritores de las nuevas generaciones para entrar en las ferias que se hacen en el trópico y fuera del continente.

Algunas instituciones han hecho sellos editoriales que han servido para promocionar algunos talleristas, adoptando su lanzamiento en el entorno literario. A llevar propuestas relacionadas con el diario transitar por los género narrativos, ensayísticos y poéticos. En pocas palabras podemos decir que esta generación nos llega por vía de un andamiaje formal, obtenido por una práctica que se viene arrastrando desde los sesenta. Las poblaciones de la provincia no escapan, por supuesto, de esta situación, tratando de competir con medios ínfimos con un objeto pragmático, dando origen a puntos de encuentros creadores de debates obligados, donde lo mejor de todo se lo leva el más cercano a las instituciones culturales de la capital.

El CONAC respondía su ayuda a grupos sobre el cual se hicieron diluvios de subsidios, claro está, que justificaban su labor altruista, pero también dejaba una orfandad en otros centros de generación de cultura y cultivo de las artes en general.

La situación está planteada con los partidarios de la V República en su primera etapa no evidencia sino un cambio substancial, se presagia lamentablemente, para tratarlo en forma esperanzadora, una apariencia derivada de una tal revolución virtual. Viéndose por tanto los mismos vicios y errores cuestionados por los salvadores de la nueva patria. Situación muy interesante para asumir el aparecimiento de otra motivación y de una fuente temática, que buscará, si se nos permite imaginar, un estadio milagroso en el circo de Chávez, que se abre con una distorsión indeleble de la realidad. Los planteamientos que sostienen los seguidores del gobierno, sumado al tira y encoge de la información, sumado al retorno de ideologías nada clasificables, son las mismas de las erráticas de hace décadas cuestionadas por todos los que militamos en la “izquierda”, ya que lo tanto pregonábamos como los Testigos de Jehová se quedaron en simples argumentos o en el peor de los casos, en un modelo desaliñado mediador del más terrible fracaso, para perderse en el fondo de las imágenes dialécticas que caracterizan a un partido hegemónico estancado en un sueño cubano. Esta asimilación maravillosa, en alguna ocasión sufrida por el navegantes genovés en su paso por el trópico, debe encontrar como debemos esperar un reflejo no condicionado, por supuesto, que se traduce en una vuelta a todos estos años que dejamos atrás, un país mal gerenciado y atrofiado por el peculado de sus riquezas.

De esta imaginación de un país sumido en las maravillas de Alicia, con unos actores caracterizados por escuchar una avalancha de idioteces y de otra parte, por unos seres que permanecen en el más fiel de los engaños, nos queda el grato sabor de ver mutilado el edén onírico de los demás. La verbolabia gubernamental nos lleva hacia la ruta de novedosos caminos poblados en hiedras, donde se plantea una “revolución cultural” en condiciones reaccionarias, con ataques a los Zapatas y a los Ibsen Martínez.

Dentro de estas circunstancias emerge Leonardo Pereira Meléndez, víctima de una confabulación política, siguiendo los pasos de Juandemaro Querales, Guillermo Morón, Luis Beltrán Guerrero, y el pensador por excelencia Chío Zubillaga Perera. Como podemos apreciar la quiebra partidista adeco-copeyana, no se caracteriza por un respaldo ideológico a Chávez, más bien se debe a un rencor hacia los últimos gobernantes por haber sumido al país en la miseria aparente con su serie de desaciertos.

A través de las inquietudes intelectuales es que se establece un vínculo solidario entre Juandemaro Querales y Leonardo Pereira Meléndez. Situación muy importante, porque desde allí se crean lazos ideológicos, desde donde se va tejiendo una tutoría literaria, un encuentro con los escritores que formaban parte de nuestros lectores míticas, llevándolo por un plano creativo, que lo conduce a militar en un lenguaje y estilo propio que puede observarse en sus publicaciones, donde muestra las enseñanzas de Eddy Rafael Pérez, y las tertulias de Querales y Núñez Silva. Sus encuentros con la poesía y la fábula creada por el narrador de postín, hablan claramente de la prestidigitación literaria de este hombre que tiene como oficio el derecho. Eddy Rafael Pérez nos manifiesta, sin reticencia lo siguiente:

“La poesía de Leonardo Pereira Meléndez tiene el don de comunicar vivencias, sueños y preocupaciones de un hombre de estos tiempos. Se revela allí, lo que acontece en el mundo lejano y cercano” 1

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1 Pereira Meléndez, Leonardo. Confesiones a media Luna. La Victoria, Editorial Berkana. 1999, p.7

CARORA EN EL CORAZÓN

Carora es una de las ciudades más progresistas del país, con una historia emblemática y llena de cosas interesantes, que además ha dado una élite importante de músicos, escritores y políticos que se han sumado a la evolución de Venezuela. Un paisaje bordado por la aridez y un suelo óptimo nos hace recordar una composición preciosísima de Luis Beltrán Guerrero llamada “El cardón”, imposible de realizar por una persona ajena a la región, pues a esto se une el imperio de los sentidos, diferenciador de percepciones para la intuición de la estética de lo feo.

Esta ciudad con aspecto de manto marino y pie de monte andino, como lo hemos dicho, ha puesto su grano de arena en el marco histórico de Venezuela memorial, en que los mártires de la región han bañado con su sangre el destino de la patria, beneficiando a las generaciones posteriores que gozan de la libertad a sus anchas.

Los beneficios del desarrollo económico del Estado Lara ha insertado el abolengo caroreño, esto unido a la modernización y a la evolución urbanística con todo lo que acarrea el crecimiento poblacional y el mejoramiento de los servicios públicos.

Los intelectuales prevenientes de esta ciudad siempre han tenido un apego profundo a su entorno, se manifiestan al decir de Guillermo Morón con un sentimiento nacido de sus entrañas, al dar una estampa de la misma nos dice:

“son, somos los venezolanos y los caroreños, un pueblo viejo, de quinientos años, un pueblo arcaico y arcaizante, con una tradición cultural como de quebrada, las quebradas de Carora acarrean en sus arremetidas todo cuanto de ordinario no tienen, por estar secas la mayor parte. También, la ciudad, de ordinario seca, árida, con el lecho resquebrajadizo por el sol, crece de pronto, se moviliza, se inunda de pasiones, se encrespa y entonces expulsa de su seno y de su memoria a los mejores”.1

Creadores de muchas fábulas que se han mantenido en la memoria colectiva, mantienen una especie de sortilegio tradicional donde el seretón, el diablo y el sobador se funden en una creencia indeleble, sin hipérboles, con el alma en un vilo como algo que tuviera por encima del fabulario de Macondo. Al entrar en contacto con la gente de esta población, cualquier historia que se nos refiera parece estar estancada en un diccionario de maravillas. Ante este panorama se ha venido perfilando, puliendo y enriqueciendo, a través de la práctica y el estudio en diferentes talleres que van más allá de lo extraliterario, un frente de opinión de ideas frescas en torno al ateneo “Guillermo Morón”. Leonardo Pereira Meléndez, adecuando sus conocimientos formativos, asume una postura que lo identifica con el modelo del escritor latinoamericano en nuestra época, apoyándose en la asimilación de un conocimiento teórico, para adecuar sus creaciones a los dictados de nuestra sociedad de consumo y a la carrera laberíntica de la autopista creada por Bill Gates.

“Cuando los artistas y los poetas no han cobrado conciencia de su misión revolucionaria, son todavía productores de plusvalía ideológica, lo mismo que son los revolucionarios que sostienen una “falsa conducta revolucionaria”. Artistas y poetas estarán creando belleza y, por tanto, estarán creando algo que sí mismo revolucionario”.2

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1 Morón, Guillermo. Pueblos, Aldeas y Ciudades. Caracas. EFOFAC, 1995. p.15
2 Silva, Ludovico. Belleza y revolución en Zona Tórrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo. N° 11-12. Valencia. 1979
En esta faceta siempre proclive para la envidia y las confabulaciones, ha hecho este joven escritor su credo literario, manteniendo en claro sus lecturas, donde se insinúan con mucha vivacidad autores como Jorge Luis Borges, James Joyce, Gastón Bachelard, Herman Melville. Esta interesante actividad es cotidiana y mantenida bajo el amparo de la discusión dialéctica de cada tendencia que se debate en el país con sus complejidades en medio de la maraña neoliberal, en un collage con la situación que viene sufriendo nuestro país: el desorden de la confusión ideológica que sufre Chávez y el engaño radical de la sensibilidad del venezolano en general. Aunque las performances del barinés tiene su reflejo en los medios que se prestan a sus intervenciones melodramáticas, no sólo siendo punto de risa, sino también de espejismos tan frescos como su deseo de parecerse a Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Rafael Caldera; al primero, en su intento de erigirse como un líder internacional, que no es ni tan malo; al segundo, en lo llanero y refranero; a Rafael Caldera en su perfil como estadista, pero en un cóctel de la muerte. Aunque es muy temprano para exigir a los creadores circenses de una Constitución que es violada todos los días y atropellada sin miramientos.

PASEO POR LA CIUDAD DE LOS ESPEJISMOS

En su camino por el campo de la literatura, Leonardo Pereira Meléndez, hace una estación temporal en el ensayo, siendo este género literario un poco complicado por el dominio informativo que se debe tener. Desde que el escritor siente necesidad de expresar su punto de vista sobre alguna situación en especial, el ensayo forma parte de esa herramienta.

Su actividad en esta materia se mantiene fiel a un ejercicio cotidiano que se ampara de manera práctica en las publicaciones periódicas, la prensa y las revistas literarias son parte de esta misa. Este joven escritor no duda en momento alguno de dar su juicio crítico sobre los objetos de conocimiento, él se mantiene fiel a las andanzas de Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Morón y Juandemaro Querales. Sobre la visión del ensayo, el último de los nombrados nos manifiesta.

“El ensayo visto como aventura fascinante del pensamiento, es en el mayor de los casos cultivo de muy febriles talentos, los cuales validos de un piso tan firme en el campo de la vastedad del conocimiento, se atreven a indagar y a sentar criterios que enriquecen los lenguajes sistematizados en leyes atinentes a toda ciencia”.1

En esta visión de Querales podemos encasillar a Leonardo Pereira Meléndez, el que pasa su existencia hablando con el reflejo del Diablo de Carora Hermes Chávez, la de la ciudad escandilante y la cual parece levantar hilachas de fuegos del piso como si se tratara de una urbe visitada por Marco Polo, que se magnifica con las semblanzas del “Merlín” de Barrio Aparte, inventariando los mitos, hasta hacerlos

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1 Querales, Juandemaro. Festejos (Aproximación críticos a la narrativa de Guillermo Morón). Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1989.

perpetuarse en nuestra memoria. Desde esta óptica arranca su itinerario para indagar sobre el uso formal del lenguaje; apoderado de su material investigativo para desmembrar textos y darle una perspectiva personal.

“Suele hacerle una distinción entre las tareas del crítico y de las del historiador literario, y en esas ocasiones la distinción se traza entre investigación del pasado e investigación del presente, como entre, por una parte, la investigación objetiva de una obra dada, de su lugar en la trama social, y de su influencia en la vida social -en el caso del historiador literario- y por la otra, la valorización de una obra dada desde el punto de vista de sus méritos y defectos formales o sociales – en el caso del crítico”2

El compromiso de algunos de sus temas, los cuales se remiten sobre premisas de aparatos conceptuales, no rayan en elogios complacientes. Leonardo Pereira Meléndez genera un discurso sin pasiones ideológicas. Esto frecuentemente forma parte del fomento de la tradición literaria, donde los comportamientos reflexivos tienen mucho que ver con el empleo social del conocimiento, en esto se suma el fomento explicativo de las situaciones dialécticas vertidas en las obras literarias. La práctica del ensayo requiere constancia y dedicación, en esto no se duerme Pereira Meléndez.

Hay que aclarar su inclinación hacia la investigación sobre la poesía actual, tiene como medio de significación el proceso de la textualidad, donde la tematización es vinculada al ejercicio ideológico crítico como pauta global. Su juicio personal sobre el acto poético se pone en evidencia cuando nos da una visión circunstancial con un criterio de valoración:

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2 Lunacharski, Anatoli. Tesis sobre los temas de la crítica marxista en la Gaceta de Cuba, Nº 112, p.27, mayo-junio. La Habana, 1973.
3 Pereira Meléndez, Leonardo. Corte de Apelaciones. Editorial berkana, La Victoria, 2000.

“Cuando se escribe un poema, se amamanta la luna, y la acción sobrenatural del espíritu, transpira en cada palabra que brota de los poros del alma”3

Lo cierto es que Leonardo Pereira Meléndez se acerca al perfil del escritor integral, ese el cual se emparenta con Fernando Soto Aparicio, Jorge Luis Borges y el mismo Ramón Querales en el caso nuestro de la literatura venezolana.

La cosmovisión de este escritor trata de detallar la lengua vigente del decir poético, sin importarle la altura del creador literario; no siendo una tarea tan simple, pues podemos ver la alta variedad de poetas diseminados por toda la geografía latinoamericana y el cambio que se aprecia en las distintas tendencias y modas en el campo de las letras.

Los planteamientos puestos en el tapete, con economía estructural y sin sombras formalistas, serán muy importante en su labor reflexiva de visionario del ensayo, a través de una dimensión lógica agradable al oficio de la lectura. Con esto tratamos de decir que Leonardo Pereira Meléndez milita en una elaboración fática del ensayo como una verdadera obra crítica.

ECOS Y ESPEJISMO

El escritor que visita a Carora se sorprende del paisaje y también de aquellos pequeños lagos de fuego que se forman en los desoladas tierras baldías, enredados en silentes torbellinos, de esto siempre da cuenta Próspero Morales Padilla en su novela Los Pecados de Inés de Hinojosa, pero esta calina es semeja mucho a la metaforeada por Juan Rulfo en Pedro Páramo, parecido territorio con pequeños lagartijos, burros y chivos amparados bajo la sombra de un cardón con un solazo implacable, pero esta zona sagrada forma parte de una realidad inevitable. Con esta ciudad mágica se interrelaciona Leonardo Pereira Meléndez; su ejercicio como adicto a la lectura le nació desde hace mucho tiempo, alimentando su iniciativa escritutaria. Sobre el andamiaje de la novela, Juan Rulfo nos da una visión, eso nos recuerda los inicios en el ensayo de Pereira Meléndez:

“Compré un cuaderno escolar y apunté el primer capítulo de una novela que, durante muchos años, había ido tomando forma en mi cabeza. Sentí por fin haber encontrado el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto tiempo”. 4

Sus conceptos sobre otros autores de la provincia, lo hacen ver como un metódico crítico con suficientes elementos analíticos para descodificar cualquier texto en particular, el hecho de incursionar en el Derecho le ha dado el oficio continuo de la lectura y la práctica de soltar la mano para colmar las páginas en blanco. Este aspecto puede ilustrarse en un pensamiento que trabaja con totalidades historicistas.

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4 Rulfo, Juan. Pedro Páramo o treinta años después, en Magazín Dominical, N° 147, p. 3, Enero 19, Bogotá. 1986

“sin poses fingidas pone en manifiesto el deseo intenso de una mujer que con transcurrir de los años, en lugar de deteriorarse, se nutre con el tiempo, deja plasmado su pensamiento creador, derrumba las paredes mojigatas del olvido”.5

Esta actividad la perpetúa este escritor caroreño al realizar un rito semanal, no como un simple acto supremo de inteligencia, sino más bien incursionar en el instrumento creativo de la palabra; ese libre quehacer de confrontar una postura inconforme ante la confusión política que viven nuestros gobernantes y la trama ilusionista que intenta hacernos ver como parte de una jungla de bobos. Ante esta tergiversación improvisada, no queda otro recurso que el cuestionamiento técnico, tomando como arma de fuego a la palabra escrita; situación que le ha dado el sumar en escenarios adversos enemigos gratuitos al estilo Orlando Fernández, ex -gobernador de Lara, tal homogeneidad, vinculada a una corriente progresista ideológica y en franco movimiento de pensamiento, son analizados con un ojo clínico por parte del literato a tiempo completo. Esta premisa tan valedera en nuestros tiempos, presenta a Pereira Meléndez, como un fiel irreverente ante la metáfora política, recordándonos alguna lectura dispersa en el cementerio de la memoria:

“La libertad de quien habla para expresar y tras sus propios significados o sentidos está tajantemente limitada por el uso que tiene que hacer de un instrumento social, con una existencia propia relativamente estable y autónoma”.6

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5 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit, p.71
6 Black, Max. El Laberinto del lenguaje. Monte Avila Editores. Caracas. 1976.

Para tener un criterio más concreto sobre Leonardo Pereira Meléndez en este género del ensayo, tenemos que esperar como evoluciona su desarrollo creativo, tomando en cuenta su edad y los ecos que le puedan deparar las influencias de otros especialistas de esta materia. Y estos no nos parece tan descabellado, si consideramos a Borges, Alfonso Reyes, Henríquez Ureña, con algo en común, el incursionar en el ensayo le correspondió después de los cuarenta, aunque a cualquier investigador cautivo en su centro gravitacional no comparta este criterio, podemos considerar que con el paso del tiempo se van adquiriendo mayores conocimientos aunado a la madurez creadora. Álvaro Marín parece coincidir en esta situación con nuestra apreciación:

“Algunos escritores y pensadores en nuestros días, han detenido sus miradas en los abismos interiores del ser humano y han encontrado un vacío más profundo y conmovedor que todos los abismos y horrores metafísicos. Lo que ha hecho la mente humana en su travesía por la historia es desplegar la conciencia como un pequeño lente en la extensión de un paisaje infernal”.7

Leonardo Pereira Meléndez ha tratado de incursionar en la crítica literaria, haciendo un recorrido sobre las obras de una variedad de poetas y escritores, dando premisas razonables que se centran en el pensamiento dialéctico, en donde sostiene su convicción de hacer presente el mensaje expositivo, por su posición, demuestra que
tiene un buen olfato literario, un consecuente tratamiento a conciencia en el abordaje de los textos que revela a un oficiante de la palabra con criterio propio. Miembro de los ecos de los escritores que los preceden, este volumen inciático en su labor

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7 Marín, Álvaro. Filón metafórico, en Magazín Dominical, N° 613, p. 18, Bogotá, 1995.

ensayista denominado “Corte de Apelaciones”, le labran su camino, ya que le acerca a autores integrales como Juandemaro Querales, y lo proyectan hacia los escenarios de la crítica literaria que se viene gestando y materializando en nuestro país. Expresándose de Eddy Rafael Pérez manifiesta:

“Hablar del bardo tocuyano Eddy Rafael Pérez es hablar de la desnudez de la poesía; de una poesía desdibujada en insólitas praderas de sombras; constituye un ameno ejercicio metafísico y particularmente nos introduce en una ciudad donde el tiempo, la vida y la muerte, transciende exquisitamente a lo imposible”.8

Así con sencillos planteamientos intenta expresar su aproximación a la obra del gran poeta tocuyano, con esto, Leonardo Pereira Meléndez demuestra con fundamentos concretos su asimilación del aprendizaje del género del ensayo.

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8 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p 7

(MODELO PARA ARMAR)
PRÁCTICA POÉTICA

Aunque en su libro de ensayo Leonardo Pereira Meléndez manifiesta: “Particularmente a mí no me gustan los poemas largos. La pasión y el placer se pierden y el deseo desaparece por completo”, considerar esta alternativa no estaría ajustada a la realidad, los poemas largos forman parte de una ruta que lo conducen abiertamente hacia composiciones extensas y hasta el género en prosa, con cierta capacidad emotiva y expresiva con basamentos propiamente lingüístico y sensibilidad estética.

En su breve tránsito por el campo literario, la poesía ha sido su plato fuerte, durante mucho tiempo como oficiante de la palabra ha estado fascinado con el género, evolucionando hacia planos más ambiciosos a entablar amistad con Eddy Rafael Pérez, el cual parece despertar en Pereira Meléndez ese genio que estaba oculto en sus entrañas, el cual broto para romper las barreras de lo indecible. La experiencia del taller literario pasa a formar parte de una quema de etapas y un ejercicio formativo para ir armando su rompecabeza con la intención de dar a conocer su percepción poética. Esa voraz manifestación literaria puede ser expuesta así:

“Desde que toma conciencia de su vocación, comienza por leerse a sí mismo en interior silencio. Luego que ha puesto en palabras el poema, suele leerlo en silencio interno. Ya escrito, no es raro que lea para sí, a solas, y quizás en voz alta. Acaso lo último es que decida a leerlo para otros”. 1

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1 Escalona Escalona, José Antonio. Lector de Poseía. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1984. p. 63

La iniciación en el caso de todo escritor funciona como una lección tímida, para luego ir evolucionando con el roce que proporciona la confrontación; este hecho aunado con el trabajo a diario en las enmendaduras, tachaduras y correcciones de hojas escritas orquestan un paso hacia la madurez, complemento de la ceremonia fascinante como lector y traductor de la trayectoria de autores de otras latitudes. Para el autor de Lacerado, el militar en el oficio de la poética es una situación que tal vez venía imaginando y maquinando ya en su tarea como creador literario, donde afloraron sus visiones sobre la formación del delincuente juvenil en nuestra sociedad, apreciaciones filosóficas, rechazos sociales, políticos y menudencias amorosas que moldean una propuesta sencilla, rica en vivencias intensas y profundos ideales, metódicamente elabora poesías sin rebuscamientos de mecanismo extraliterarios, tomando en cuenta que la densidad puede generar aburrimiento ante su interlocutor, el más sano crítico de una obra. Esta milicia en el género poético no es producto de la casualidad, responde a una inclinación particular ejercida por la razón, dando a sus intuiciones de aprendizajes el funcionamiento de una preocupación estética.

“La creación poética se inicia con violencia sobre el lenguaje. El primer acto de esta operación consiste en el desarraigo de la palabra. El poeta arranca de sus conexiones y menesteres habituales: separados del mundo informe del habla, los vocablos se vuelven únicos como si acabasen de nacer”. 2

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2 Paz, Octavio. El arco y la Lira. Fondo de Cultura Económica. México.1994. p. 38

(MODELO PARA AMAR)
AMANECER EN EL TRÓPICO

El encuentro de las culturas foráneas en nuestro continente y los procesos de los medios colonizantes como la represión, el oscurantismo religioso, la imposición ideológica por la fuerza, moldean la metamorfosis de los pueblos oprimidos, amansados con procedimientos alejados de todo respeto humano, forma parte de ese amanecer tropical signado por la metáfora de la infamia:

“Las brutalidades que los conquistadores castellanos perpetrarán en América en el siglo XVI con la población indígena son, en lo sustancial, una repetición de lo que se había hecho en Europa a lo largo de siglo, con la justificación de esa contradictoria ideología caballeresca y el espíritu de Cruzada que solía enmascarar una codicia superlativa y una lujuria descontrolada”. 1

Penetración de una cultura en otra con problemas relativos y con costumbres tan dispares que hacen hundirse al hombre de estas latitudes en el ámbito del mito, hasta el hecho de someterse al yugo del extraño visitante. Más tarde ese collage de realidades que se bifurcan en el jardín de las delicias, redimen con mayor claridad la asimilación de nuestra realidad, esto se vislumbra con una percepción semejante pero con un modelo distinto que distorsiona la problemática que viven los países subdesarrollados, objetando la premisa de la herencia cultura, cuando podemos apreciar que los cambios de doctrinas posibles al ser transplantadas a nuestros pueblos, sufren un impacto que no se ajusta a nuestra realidad, la brutalidad de los visitantes de Europa nada podían relacionar con este edén dan disímil de dirigir al otro lado del mar:

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1 Herren, Ricardo. La conquista erótica de las Indias. Planeta. Bogotá, Colombia. 1991. p. 34

“Lo que parece evidente, a la luz de estas consideraciones, es que el Barroco de América aporta a la fórmula general europea un ingrediente de inserción en la circunstancia telúrica en que se asienta”. 2

La percepción del barroco en todo el continente nos sirve para demostrar que esta vivo todavía, esto se manifiesta en novelistas como el recientemente desaparecido Severo Sarduy, Lezama Lima y Alejo Carpentier, para dar una visión de elementos caracterizadores de esta modalidad creativa.

La asimilación de técnicas y adecuaciones a los poetas y narradores de nuestro tiempo se ponen en evidencia también cuando vemos incursionar muchas veces a tales creadores en diversas tendencias poéticas y narrativas, por no hablar de la pintura.

“El pensar el subdesarrollo, con el resultado final de la independencia, cuya antesala es la revolución. Es respuesta a una relación periferia-centro, que nos sustituyó nuestro folkorismo nativo por un folkorismo tecnológico (comic). La interdependencia de una cultura denominada, ha hecho posible invadir los centros metropolitanos nos productos culturales perfectamente elaborados, para en último término hacer partícipes a las sociedades europeas –norteamericanas, de la situación e dependencia y el deseo de romperla, como forma de lograr una expresión universal de cultura, sin las heridas del colonialismo: enterrador de culturas superiores a las dominantes”. 3
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2 Díaz-Plaza, Guillermo. Hispanoamérica en su literatura. Biblioteca Básica Salvat. Salvat Editores S.A. Navarra, 1971. p. 78
3 Querales, Juandemaro. Cartel de citación. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1983. p. 34

Esa forma muy particular de percibir la realidad circundante de nuestro universo, hizo posible que los signos de esas menudencias catastróficas pudieran ser explotadas, a través de una lectura de los males que puedan ocasionar las divergencias de pensamiento y las crueles artimañas del caos, siempre bajo el concepto de un modelo definido para que en función del método implantado se viera afectado el entorno oprimido. En base a un enmascaramiento el discurso literario ha querido aportar documentos probatorios, tomando en cuenta argumentos de peso, tratando de hacer el portavoz de la demanda de un grupo afectado mediante un proceso complicado, donde el psiquismo delata un discurso paralelo, descendiente inmediato de esas torturas pesadillescas heredadas con el correr de los siglos en forma traumática y violenta. Esto nos dejó un deseo revanchista que se hizo reflejo inmediato de un superar ese amanecer repentino por lograr esa libertad plena, claro está, transponiendo términos de creación literaria.

PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

La modernización del país en forma paulatina y la asimilación progresiva de la autopista de la información como un maravilloso descubrimiento hecho realidad por Bill Gates, distorsionan relativamente el estancamientos de las ciudades sumergidas en el pasado, distantes de las llamadas ciudades – cáncer, detenidas en mutaciones de la realidad ilusoria y extraños proyectos que constituyen la caricatura más cercana de las fallidas maniobras de nuestros últimos gobernantes:

“En realidad, no somos víctimas de más nada que de nuestra normalidad: golpes o contragolpes, declaraciones o intentos, marchas de protestas o planes de contingencia, lo que nunca dejamos de aceptar es nuestra normalidad, esa cosa horrible que desde su estandarizada normalidad los estadounidenses entienden como propia de algo así como realismo mágico”.1

Manifestación de costumbres y situaciones que inquietan tan deliberadamente al hombre de esta fantasía revolucionaria, hasta el borde de la locura, el pasar jornadas infatigables viendo televisión a un presidente echado chistes malos y fijando su artillería verbal contra de los adecos. Este panorama de engaños con nuevos protagonistas sembrados en el ojo de un huracán caribeño, hacen más enrarecida la apreciación de la realidad, en un momento estelar en que el petróleo venezolano adquiere boom inusitado y no se ve el efecto gradual de impacto en la economía, argumentando claramente que no se puede volver a los tiempos bíblicos del as vacas gordas, cuando fallan en devolver la dignidad como ciudadanos para convertirnos en seres esperanzados con un poder sueño plantado en el mito del eterno retorno al pasado:
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1 Baiz Quvedo, Frank. Caracas modular en Exceso, agosto 1995. N° 78 Caracas. P. 79

“Por eso es tan insistente Prieto Figueroa en asignar al Estado, la producción ideológica, asegurando su control y manteniendo, porque desde allí de donde arranca la domesticación del individuo, la aceptación natural de un orden y retardando el ingreso del individuo al mercado del trabajo, dejando para las élites los puestos de comando”.2

Los juicios emitidos por este escritor caroreño, se orienta en conceptos provenientes de su captación de la realidad actual, esto nos da suficientes elementos para dar consideraciones que originan un marco propicio para la creación literaria.

En este orden de ideas en que Leonardo Pereira Meléndez trata de dar vida a su cuerpo poético y adentrarse dentro del contexto de una valorización creativa de matices fantasiosos insertados en la realidad, logrando exteriorizar la dinámica plenitud de la conciencia con cierto buceo ontológico:

“Pero, como hemos podido observar esta integración no esta provista de dos distorsiones, muy visibles por ambas partes: por un lado, ha sido necesario pasar sin formularlo, de una simple posibilidad de expresión ficticia a una artificiosidad sustancial de los sentimientos expresados, llevar todo poema lírico al poema. Ya consolidado del monólogo tráfico para introducir en el corazón de cada creación lírica esta pantalla de ficción, sin la cual la idea de imitación no podría darse”.3

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2 Querales, Juandemaro. Del resentimiento social al estado docente: Luis Beltrán Prieto Figueroa. Fondo Editorial Río Cenizo. Barquisimeto. 2000 p. 49
3 Genette, Gérard. Géneros. Tipos. Modos. En Teoría de los géneros literarios. Arbo/Libros, S.A. Madrid. 1998. p.25

La valoración totalizante de la realidad cruda en nuestras ciudades, ocasiona que esta situación se manifieste en la cristalización del fondo poético y de la meditación significante de la percepción de fenómenos alejados del reino de la memoria, forma parte esta relación de ese traspasar el azogue de lo desconocido.

“Entre nosotros suele encontrarse más cómodo adoptar una postura especulativa y de desprecio por los hechos y por la razón, que adoptar una actitud critica fundada en los hechos y que haga pleno uso de los instrumentos de la razón”.4

Para tener una visión concreta del macromundo poético de Leonardo Pereira Meléndez, es preciso destacar la vida que cobran sus composiciones líricas que la conforman y determinan. Con el fabulario característico del caroreño es esencial descodificar esos textos de una ciudad llena de apariencias reales. La alternativa para poner en evidencia el sustrato de la poética de Pereira Meléndez tiene el firme propósito de incitar y llamar la atención al lector. Situar este universo lírico caracterizado por un sencillo rito sin fronteras en su verdadera creatividad, le confiere esa luz tradicional larense.

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4 Bunge, Mario. La ciencia, su método y su filosofía. Ediciones Siglo Veinte. Buenos Aires. 1972. p. 125
LA PARTIDA POÉTICA

La poesía enredada en ese universo en expansión, mantiene un mismo nivel van armando un complejo rompecabezas donde se entroncan todos los puntos elementales que componen un ciclo creativo, el mismo es un estadio donde se sienta un piso y la etapa genésica del poeta en uso de su genialidad. La alusión a situaciones traumáticas, vistazos a la problemática existencial actual, sentimientos contradictorios de compresión, son elementos donde los mecanismos del lenguaje adquieren el vislumbramiento de poemas reducidos a la recurrencia de la imaginación, orientando su laboriosa escritura hacia referentes de la memoria:

“Siempre estarán
Junto a mi silencio
Siempre estarán
Son los fantasmas que mas quiero
Los que se aferran
a mi pasado”5

Estas composiciones que ensamblan el texto son ejercicios poéticos para soltar la mano: hacen parte del viaje inicial hacia creaciones más ambiciosas. En el transitar por estas tentativas literarias se van gestando las piezas de un poeta dispuestos a confrontar trabajos mayores, para lo cual requiere un asidero formativo y tener dominio sobre la invención poética. Por tal motivo vemos pasar por su estructura elocutiva vestigios que nos hacen entender el dominio del autor de lecturas más profundas. Sus tentativas creativas no son el resultado de la casualidad, aparecen con el fluir de experiencias escritas a través de un conciente debate interior. Al respecto,

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5 Pereira Meléndez, Leonardo. Lacerado. Aevic. La Victoria, 1999. p. 9
Luis Beltrán Guerrero, da cuenta de su visión sobre el escritor. Esto nos puede servir de punto de partida para entender el oficio de Pereira Meléndez en el plano poético. Esta fascinación por la poesía representa su intuición por esta temática que le es tan común a su afección:

“Si la poesía – creación pura – requiere revisión crítica, ya se figurará el lector cuánto lucidez nativa y aprendida, cuánto pasar las noches de claro a claro, cuánta ciencia literaria y equilibrio anímico se requiere para el ejercicio de la crítica. Por eso los jóvenes pueden ser y lo han sido, grandes poetas o cuentistas”. 6

En uno de los poemas de Lacerado, el autor indaga sobre su preocupación ante el sentimiento del fracaso:

“Esto ha sido el cactus
El peso
De mi destino
No me atrevo vivir ésta vida” 7

Este poemario es la obra de aspiración de Pereira Meléndez y podemos decir la que rebilitará sus trabajos poéticos posteriores. Este libro funciona como una escalera por donde se tiene que vencer escalones para ir madurando ideas nuevas, aquí juega un papel importante la práctica minuciosa del escritor. En el “Jardín de Bermudo”, Luis Beltrán Guerrero nos manifiesta su punto de vista sobre el proceso que sufre el escritor cuando se enfrenta a la realidad, el poeta no escapa de esta situación tampoco aunque sus puntos cardinales son el mismo oficio y la técnica, sus indagaciones sobre teorías, observaciones sobre la meditación del hombre anta el cosmos y la proyección de ramificaciones temática en este mundo signado por la globalización se centra en un eje continuo. El poeta no cesa en su intención de hacer trascender su alquimia imaginativa, se quehacer tiene una visión que evidencia una construcción estética partiendo de elementos formales del lenguaje, de esto podemos desprender un hecho ineludible:

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6 Guerrero, Luis Beltrán. El Jardín de Bermudo. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1986. p. 186
7 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p. 13.

“Cuando un poeta potencial descubre por primera vez (o es descubrimiento por) la dialéctica de la influencia, es decir, descubre por primera vez la poesía como algo que se encuentra tanto en su exterior como en su interior, inicia un proceso que habrá de terminar solamente cuando el poeta ya no tenga más poesía dentro de él, mucho tiempo después de poseer el poder(o el deseo) de descubrirla fuera de si mismo”. 8

La influencia de ejercicio diario es importante para mantener la práctica creativa, también sirve de vehículo entre el contacto de la escritura con la investigación particular, dicha relación genera una dirección inevitable hacia la autorrealización. No importa nuestro tropiezo en los primeros ensayos expuestos a desaciertos o los estorbos de un pecado que se hace demasiado pobre por el hecho de rompimiento, despojarse de las intentivas de una manera radical es algo dificultoso, por el hecho que podemos encontrar alguna idea importante en esos papeles dejados en el abandono, siempre habrá ese toque mágico, la nostalgia de un elemento que se inserta en la ceremonia poética.

“El escritor toma elementos materiales y espirituales del mundo, los asimila a la luz de su conciencia o en torno a ella, los mezcla y deforma (los transforma) para reelaboramos ficticiamente y hacerlos verosímiles o creíbles aunque no sean comprobables o verídicos desde el punto de vista de la razón y la lógica científica. El hecho literario deviene existencia creativa, nueva posible (re- creada) de la realidad

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8 Bloon, Harold. La angustia de las influencias. Monte Ávila Editores. Caracas, 1977. p. 36

social y/o natural; así que donde no haya creación no habrá literatura propiamente dicha”. 9

La presencia de Eddy Rafael Pérez en Carora le sirvió de mucho a Pereira Meléndez, se convirtió en un asiduo discípulo que supo sacar provecho a las teorías orientadas por el poeta de El Tocuyo, esto no quiere decir que el escritor caroreño no haya hecho
un tránsito anterior por el medio literario, pero la experiencia tallerística con este poeta de alto vuelo pudo servir como patrón para resolver técnicas que no dominaba o tal vez estuvo en contacto con estas en forma rudimentarias y le hicieron perfilar un modo distinto a la percepción que mantenía antes del encuentro metodológico con el taller literario supuestamente. Esto lo llevo a quemar otras etapas, con la intención de explorar otras alternativas poéticas. Aunque el se pasea por distintas tendencias literarias, esto no lo aleja de su indagación de un espacio que lo hará conducirse hacia una totalidad global, claro está, sin apartarse del nivel cualitativo que exige el género de la poesía.

No falló Eddy Rafael Pérez en poner al servicio de este joven escritor caroreño las virtudes pedagógicas desplegadas en la Universidad de Los Andes, llamándolo a reflexionar sobre las pequeñeces y afinidades del mundo complejo de la poética, este contacto surtió el esperado efecto ambicionado por Juandemaro Querales, quien promovió la estadía del prolífico autor, brindando así la oportunidad de tratar a Pereira Meléndez de despojarlo de las mañas escritutarias, ofertándole suficientes herramientas para remover de su psiquismo visiones cerradas de un orden creativo represado, esto generó un alud de motivos que hicieron despertar esos demonios interiores que viven alojados en nosotros, cuyo reino nos cuesta abandonar:

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9 Leal, Eutiquio. Talleres de literatura. Fundación Universitaria Autónoma de Colombia. Bogotá. 1984. p. 24

“Esta soledad
me rompe el hígado
Desgarra
mi silencio
Siento el miedo del lobo
que hay en mí

Lacerado”. 10

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10 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p. 21

LOS MITOS

Leonardo Pereira Meléndez tiene una forma muy particular de abordar sus creaciones poéticas, desde sus textos iniciales hasta el libro inédito Escozor que ha ido dando por entrega en diferentes diarios del país, hay una propuesta diferenciadora en el aspecto formal en cada obra que ha proyectado como oficiante de la palabra escrita. Lacerado1 es un poemario denso donde el mito cobra primordial importancia, fortaleciendo nuestro criterio sobre lo expuesto anteriormente.

Siguiendo una práctica hispanoamericana que nos viene de la tradición comunicada en forma oral, trabajada por Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Vicente Aleixandre, Pereira Meléndez insiste en reflexionar con las licencias míticas empleadas en la lírica, asumiendo de esta manera la línea de Blas Perozo Naveda y Tito Núñez Silva; para este tránsito creativo aborda el olimpo de la interioridad que se preña de la trayectoria mental de los recuerdos y de las visiones de los laberintos accidentales de la casa-templo, donde se va elaborando cierta especie de taxonomía íntima, esta suerte de cambio de piel de serpiente constituye un ejemplo prodigioso de apariencia que se nos pueda dar a conocer, de esta premisa acertada se desprende este enmascaramiento cuya simulación podemos asociar a juicios de valores formales:

“La mitología es una tal obra de arte de la naturaleza. En su tejido se da forma realmente a lo más elevado; todo es relación y metamorfosis, informando y trasformando, y este informar y transformar serían su propio recorrido, su vida intima, su método”. 2
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1 Pereira Meléndez, Leonardo. Lacerado. Buzón de escritura de la Vierriz, La Vierriz. 1999
2 Schlegel, Friedrich. Poesía y filosofía. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1994. p. 123

Cuando Leonardo Pereira Meléndez nos hace referencia a sus lecturas predilectas, deja ver un escenario muy rico en material informativa, dejando claro que en esa laboriosidad de lector se le haya escapado algún libro de cabecera; esto a lo mejor se debe a que estos están oculto en algún rincón remoto de su memoria como tesoro, en tal caso podemos conjeturar que si no los cita es porque los ha obviado impredemitadamente. Como su intención es tomar aliento en reproducciones cosméticas de la realidad, hay exclusivamente en esto una intención por darle continuidad a lo mejor o más selecto de nuestra tradición por mitificar poesías, esto es fácil de demostrar en el caso del camuflaje de la imaginación:

“El progreso se ha convertido en ese nuevo dios totemizado que absorbe la mente del mundo de hoy. Un progreso a veces ciego, que no ha tomado conciencia de sus límites y que como un boomerang está revirtiendo su impulso contra la totalidad de la especie humana. La cultura hispánica, dentro de la cual la está, por supuesto, Hispanoamérica, ha sido muy criticada por no haber sabido plenamente abordar el camino del progreso. No obstante, lo que no han llegado a atender los que critican es el inmenso potencial de regeneración metafísica y espiritual que dicha cultura encierra, y lo valioso que dicho potencial podría ser en un mundo que ha perdido el sentido del límite”. 3

Con la finalidad de dar una visión detallada considerando la riqueza que envuelven esos libros de adicción mítico – escritura, volver sobre el caso de los grandes mitos de

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3 Ramírez Ribes, María. Un amor por el diálogo: el Inca Garcilazo de la Vega. Monte Ávila Editores. Caracas. 1992. p. 141-142

nuestra época resulta un poco escarpado. Leonardo Pereira Meléndez no deja escapar estos fenómenos hiperbólicos y asumiendo un rol como captador de nuestra realidad llena de magia, no cesa en su pretensión de revivir lo que ya es del dominio del asiduo lector, sino que trata de ubicarnos entre las galerías de esa infinidad imaginaría y la mitología cotidiana: el equivalente a la mimetización de los referentes homéricos, la materia metafórica tropical. Con un lenguaje divorciado de ornamentos, bien trabajado a conciencia, con un sentimiento que no merma su expresión estética, incorpora el cuerpo del poema tendencias líricas como el Kasala sin reticencias, a aquellos escenarios donde el universo recreado se fortalece como un elemento concreto de un espejismo deletreado, donde la simulación del lenguaje da vida a una fenomenología del pensamiento.

FANTASÍA POÉTICA

Los niños universales se pueden aparecer como una apología de la fantasía poética: claro está, presentado el problema específico con un contenido que es como el reflejo distorsionado de la realidad deformada. El poeta sin apelar a severos argumentos trata de englobar sus especulaciones semánticas, sobre una mascarada relativamente sincretizada. Para Leonardo Pereira Meléndez la tentativa de captar la atención del lector se manifiesta a través de muchas alternativas, el hecho de presentar aspectos de diferentes etapas de su existencia hacen posible la interrelación autor-lector por la corriente del pasado inmediato. La fantasía en la poseía de su acto creador representará de esta forma una dualidad de valores dialécticos, donde los componentes especiales del aprovechamiento retórico, permite el ritual invencionario en su continuidad lírica en un universo cambiante de iniciativas formales transparentes.

El centro de complicación de vestigio poético está impregnado por la memoria transmutándose en reflejo de la realidad mediante la premisa de la tierra prometida y el eterno retorno. Existe la revelación de la cita inevitable con el espejismo y a máscara hiperrealista. Esta agudeza interpretativa por dar una perspectiva sobre este asunto lo podemos encontrar en Alfred Sauvy, en su estudio fundamental donde sienta la base para la comprensión de estos grandes problemas que aquejan a los pueblos del mundo entero:

“Este mito progresista, que a veces se concilia con el del eterno retorno, se opone, sin embargo muy frecuentemente al de la degeneración, al paraíso perdido, porque mira hacia delante. En nuestros días, reaparece con la civilización de la abundancia, del ocio, de la opulencia con la desaparición del Estado, en la óptica marxista. La fecha nunca se indica de modo preciso, porque los profetas de todos los tiempos sobresalen en el arte de dejar, en torno a sus predicciones, un halo que arregla muchas cosas.1

Leonardo Pereira Meléndez se inspira en los grandes problemas de nuestros tiempo, no tomado en cuenta el balance dual que pueda existir entre el bien y el mal; todo el ensamblaje de los poemas, al emitir su capacidad imaginativa, invita al lector a tratar de poner en tela de juicio esas situaciones llenas de engaños dentro de un proceso histórico definido, por que no se adjudica particularmente esa suerte de telaraña estacionaria poblada de divinidades griega fundidas con el Olimpo caroreño. En el territorio de este escenario tropical, los titanes ruedan con la misma facilidad de un fajo de naipes, cada cuestionamiento planteado responde a una concepción curiosa de su predilección por las costumbres citadinas y los rituales de la imaginación. Esta estructura empleada por el autor caroreño, no difiere de líneas fundamentales dominadoras de las nuevas promociones de poetas del país; en esta falsificación fantasiosa de la realidad nada es encerrado en un círculo, pues el elemento definitorio contenido en cada unidad temática aborda la aclaratoria mítica de la existencia:

“Los mitos y certezas constituyen el complejo ideológico desde que el se escriben las obras, aunque ello no significa que el creador necesariamente busque reproducir ese legado. Hay un margen de acción que le permite repensar la herencia ideológico que lo envuelven y por ellos los resultados no siempre son los mismos, cuando se asume artísticamente una determinada realidad”. 2

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1 Sauvy, Alfred. Los mitos de nuestro tiempo. Editorial Labor, S.A. Barcelona. 1969. p.32
2 Monge, Carlos Francisco: La palabra y el muro en Casa de las Américas, N° 149, p.69. la Habana. Año XXV. Marzo-Abril. 1985

Esa visión irreductibles de las codificaciones míticas, es la casa del espejo de la mascarada ampliada de la relación dialéctica con el entorno lírico, este hilo confesional se torna más visible cuando el poeta va desentrañando la parábola del mito de la edad de oro y pasea el lector por una espesura de relaciones maravillosas, semejantes a las fiebres alucinantes de los españoles que creyeron en las fantasía de los habitantes de la Tierra de Gracia; en esa metáfora evidentemente las revelaciones se despiertan para desglosar la imagen voluptuosa en todo el ámbito en que está situado su propio espacio poético: es obvio que Leonardo Pereira Meléndez no integra este mar mitológico al azar, pero si insiste en que es prescindible enfocarse en la realidad con visualizaciones poéticas adquiere un pleno sentido cuando se desentraña a la luz de lo que es el peso temático y el soporte técnico donde encuentra su mejor expresión de recreación intima. El hilo conductor funciona por acumulación de detalles y por precisión conceptual de la apoteosis en el fluir de la cosmovisión, cabe la observación sobre la posibilidad de ese tono drástico expresado por el agudo poeta:

“Anoche tu estabas ahí
arreglando tus muebles
viejos y harapientos
con tu vestido blanco
contándome tus historias
Tú estabas ahí
y yo rodeado de fantasmas”. 3

El sostén taxonómico en el trayecto de esa fetichización del lenguaje, donde nuestras historias particulares se repiten, ya que parece la cadena de la culebra que se muerde

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3 Pereira Meléndez, Leonardo. Confesiones a media luna. Editorial Berkana. La Victoria. 1999. p.9

la cola, es el trasladarse al diálogo con los muertos, entrar a un ludo donde los datos te hacen transitar una ruta donde la llegada es una cara idéntica, de conocedor sensible del destino en cierto extremo del movimiento pendular que con tanta evidencia muestra la especificidad mítica:

“Y no busca el poeta la soledad por una mitificación de su valor. Es una consecuencia de su oficio, no aquel deificador del visionario sino el más artesanal de la traducción. Es el poeta un simple traductor de los signos de su tiempo. No quiere el dolor. La realidad, y la lectura tenaz que de ella hace, lo conduce a ese aislamiento adolorido”. 4

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4 Nuñez Silva, Tito. La poesía de Ramón Querales. Editorial La Espada Rota, Caracas. 1994.p.10

EL REINO DE LA CASA

Estamos seguros de militar en la idea que el recurso de la casa como paraíso se estructura como parte de la cristalización de nuestras vivencias, evoluciona como una condensación de la fantasía poética. Escritores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa han encontrado en la casa un mundo maravilloso, Ramón Palomares y Blas Perozo Naveda en el género poético, han sabido destacar ese universo lleno de prodigios con entusiasmo estético y perspectiva de vericuetos metafóricos, expresiones creativas orientadas por el oficiante de la palabra: especie de viajeros a zonas inexploradas, observadores de la misa de los sentidos y de los sortilegios de lo desconocido. En Confesiones a media luna no le exige el autor al lector una toma de conciencia sin su consentimiento para que intente de romper con lo establecido y la ficticia prosperidad revolucionaria en el país, Leonardo Pereira Meléndez le enriquece las expectativas formales para que comprendan la diatriba de sumergirse en el pozo donde no se puede retornar tras lo torcido de la realidad. Nuestra propia bodega de percepciones mágica rica y revivida pro las circunstancias de la voluntad creadora por el curso de las costumbres y los ritos de la cotidianidad, despierta del fondo de aquella casa centro del universo como las galerías dentro de las cajas chinas, donde se describen las inquisiciones particulares para reducirlas a un reino intimista:

“La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes. En ambos casos, demostraremos que la imaginación aumenta los valores de la realidad. Una especie de atracción de imágenes concentra a éstas en torno de la casa. A través de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado, y allende las casas que soñamos habitar”. 5
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5 Bachelard, Gastón: La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica. México. 1975. p. 33

Al notar el enfado y el cuestionamiento de las relaciones materiales que mantienen los individuos con sus circunstancias, apreciamos el cuidado semántico que confrontó el autor en la elaboración de sus poemas; Leonardo Pereira Meléndez mantienen una posición crítica ante todo ese aparato alienante que nos acosa y esclaviza al contexto fallecido siglo, al ver como se nos engaña día a día cuado se vanagloria el nuevo gobierno de una revolución sin apellido y sosteniendo las misma mañanas del pasado inmediato; al no abandonar su tentativa de inmiscuirse en la imaginería De Cortázar, el universo misterioso heredado de nuestro mestizaje cultural y ese catálogo caroreño en materia de fábula, vemos la presencia de una analogía invencionaria basada en elementos literarios de una realidad fantástica que no nos es ajena y llegamos a adoptar con su máscara imprevista:

“La realidad no ofrece demasiadas alternativas. Elegir entre su posibilidad y otros, aumenta el doble sentimiento de irrumpir bruscamente en una dimensión extraña y alucinada. El mundo se orden a partir de un lento desorden de los sentimientos. Desordenarse, mirar a través de múltiples espejos en cuyos reflejos habita un rostro fragmentado y aturdido. La realidad no es un amplio y lógico espacio en el cual caben atropelladamente todas las necesidades humanas. Inversamente, la absoluta extrañeza de lo cotidiano puede convertirse en un magnifico artificio donde se realizan violentamente gestos y palabras, sueños y mentiras, universos distintos trenzados por la hilaridad compleja, confundidos en el punto preciso hacia el que concurren rápidamente señales y máscaras en una abigarrada proximidad fantástica”. 6

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6 Santaella, Juan Carlos: Laberinto y peldaños en Papel Literario de El Nacional. Caracas. 13-07-80 p. 8

Al dar rasgos propios definitorios sobre el fundamento lírico, tomando en cuenta que el poeta se convierte en un visionario ilimitado, queda en su contemplación rutinaria una llave para abrir los códigos literarios, nuestra adquisición del lenguaje, de la realidad en que nos sumimos, trasunto de aquella visión de ese macro mundo caroreño espejeante. Por eso Julio Miranda se adentra en el aprovechamiento de la fantasía de la poesía para dar una visión sobre la eclosión de un momento determinado:

“La poesía universal de los últimos años no es precisamente fantástica, lo que acabaría de señalar la peculiaridad de esta poesía venezolana. El hecho de que además haya integrados numerosos elementos del substrato mágico- popular, situado frecuentemente el poema a nivel cotidiano para ascender a estas vías, ha sido otro acierto”. 7

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7 Miranda, Julio. Proceso a la narrativa venezolana. Ediciones de la Biblioteca. UCV. Caracas. 1975. p. 146

HAMBRE DE CANTO

“Confesiones a media luna”. 1 forma parte de un proyecto evolutivo, un armar un poemario con textos que guardan una linealidad especifica, se vale de la fenomenología del amor y otras instancias para estructurar su propuesta literaria, el curso lo va marcando el hilo invisible del yo interior del autor, de pronto, Leonardo Pereira Meléndez pone de manifiesto su artes en el campo de la escritura, sin temores ante la alternativa de enfrentar al lector y su criterio. Ordenar todas las vivencias no representa una rutina sencilla, darle el toque mágico al muestrario de la realidad y magnificar aspectos sugerentes a la cotidianidad es una empresa complicada si tomamos en cuenta que se puede escapar de las manos del escritor detalles invalorables; sin embargo, mucho tiene que ver en esto la visión del poeta en su acto de nombrar sus elementos revividos. No podemos dejar de hacer notar la intención del poeta de retomar composiciones de características tradicionales adecuadas a nuestra época , haciendo prevalecer aspectos conceptuales y teorías que han puesto en boga los especialistas en la materia, los cuales contribuyen a la frescura y a la renovación de las letras en estos tempos tan complicados. Tratar de hacer cumplir una máxima de Jean Cohen parece ser un modelo asumido por el poeta caroreño:

“La emoción provocada por un poeta merece tal nombre por el hecho de ser una experiencia efectiva que se puede alienar en una de las grandes categorías de la vida emocional: alegría, tristeza, miedo, esperanza, etcétera”. 2

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1 Pereira Meléndez, Leonardo: Confesiones a media Luna. Editorial Berkana. La Victoria. 1999
2 Cohen, Jean: Estructura del lenguaje poético. Editorial Grados. Madrid. 1977.p. 202

El poemario de este joven escritor se suma a la tradición poética encabezada desde hace una década por los jóvenes del Grupo Tráfico y Guaire; sin embargo, no deja de inclinarse por promociones generacionales donde forman parte efectiva Blas Perozo Naveda, Eddy Rafael Pérez, Tito Núñez Silva y Víctor Valera Mora, quienes por separados fueron creando una obra concreta, dando las bases fundamentales a los lineamientos conceptuales empleados por los miembros de los grupos literarios nombrados anteriormente. Lo interesante es el haber dado continuidad a las ideas asimiladas en otras latitudes y puestas en práctica con lo que ha llamado Juandemaro Querales “Un lenguaje emergente”.

Hasta el presente nuestra poesía se ha repartido un buen espacio entre Rafael Cadenas y Luis Alberto Crespo, larenses por cierto, como creadores que copan los escenarios de los cenáculos literarios, a pesar del enorme repunte que tiene y goza Eugenio Montejo a nivel internacional, equiparado con Alfredo Silva Estrada; Blas Perozo Naveda se puede comparar con este selecto repertorio de poetas por contribuir a formular líneas concretas de un trabajo estético, heredado de su prolongada pasantía por Paris en la Universidad la Sorbonne Nouvelle:

“Perozo Naveda, rompe con la tradición de la poesía venezolana, imitadora de sus partes europeos, prolongadora de un lenguaje de factura extranjerizante, venido en le flete de cualquier barco, mezclados con ricas mercaderías, y crea un producto acabado con posibilidades de interrelacionarlo con los lugares de origen. Hay que partir de algo, de ese algo tiene que se un origen, aun cuando farragoso, vaporoso, como los días del género bíblico”. 3

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3 Querales, Juandemaro: Blas Perozo Naveda: la insularidad de una poesía. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1992. p. 105-106

En esta faceta literaria es donde Leonardo Pereira Meléndez trata de hacer un acercamiento creativo a los poetas de provincia, logra situar de este modo su iniciación poética y profundizar sus conocimientos técnicos en este sentido. Aunque Pereira Meléndez no sigue un patrón de los poetas citados anteriormente, si podemos apreciar el asimilamiento de las propuestas de estos, no escatimando esfuerzos en ahondar en su desarrollo creativo; Confesiones a media luna trata de ser una obra integral y un texto llamativo. Su lenguaje sencillo y ligero excepto de rebuscamientos, se torna viable al asociarnos a su totalidad, donde se permuta su significado lingüístico.

La sensación de caos, la imaginería de nuestras ciudades, la nostalgia como método poético, el terror como situación permanente, el espejismo destructor del hombre, referentes existenciales que culminan con las estratificaciones fantasiosas del mundo real coartado por el lirismo de quien distorsiona la realidad. Interpretar esta suerte de trama literaria, representa el reto ineludible de Leonardo Pereira Meléndez y la tarea de reescriturar ese mundo recóndito es el compromiso de su reverencia fundamental hacia lo creado.

PRESENCIA DE LAS CONFESIONES

1. EL CAMUFLAJE

En Confesiones a media luna se dan cita una gran variedad de elementos técnicos extraliterarios que pueden ser asimilados a la poesía misma, pues podemos notar la presencia de aspectos provenientes de un hablante tomando en cuenta visualizaciones empleadas por un “yo” personal que se remite a nombrar, de ofrecer un universo de un aleph situado en la provincia, Carora, donde se asienta un repertorio heterogéneo de escritores de vasta cultura, pero esto se observa también en el caso de la estética de lo feo con todo y sentido semiológico que se pueda desprender de tal situación. El camuflaje sería la forma en que el poeta se oculta para dar su logro creativo, como se utilizaría con la máscara, pero con una intención diferente, aparecer dentro la composición poética con un manto de invisibilidad, semejante en la narrativa con el narrador omnisciente, esto nos puede dar un parentesco de los sentidos por medio de la proximidad de las formas:

“Sin quererlo
tú me hiciste poeta
le diste a mi alma
tus mejores besos
y tu bondad
se convirtió en nostalgia”. 4

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4 Ibidem, p. 13

Esta alternativa asumida por Leonardo Pereira Meléndez va a demostrar un procedimiento que en forma paulatina nos van a conducir, a una definición particular en su inclinación por el discurso poético, situación que nos llevaría a imaginar su conocimiento sobre las obras de Roges Caillois y sus razonamientos lingüísticos, para dibujarnos una ciudad con toda su compleja exégesis tipológica, siendo orientadas sus ideas como una conversión lírica, donde el autor trata de enredar desde su invisibilidad cosmética al lector, claro está, mediante códigos efímera del poeta, siendo el vaso comunicante el signo lingüístico, esto es el artificio del enmascaramiento:

“Dicho recurso liga al lector a un escenario más universal, donde su formación en otras disciplinas le es de gran utilidad, es decir, la simultaneidad de técnicas abren su posibilidad hermenéutica de otros códigos estereotipados de manera independiente o referidos a una literatura imitadora, servil”. 5

Es así como Pereira Meléndez va creando un mundo ampliado, ahonda en la fantasía para remontarnos en ese círculo mítico de una ciudad llena de maravillas y que nos se presentada a través de la imagen virtual para dejar entrar el requerimiento de mensajes tradicionales, escudándose en sus precauciones escriturarias nos explica esa metamorfosis donde transita el sujeto en el absurdo de su fabulario, despertando el interés del lector que busca solucionar los misterios en que trata de involucrarlo el creador de las palabras. Así los episodios de su existencia son reconstruidos sin hipérboles festivas:

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5 Querales, Juandemaro: Oport. Cit., p. 63

“No comprendo el mundo. Tengo a mi alrededor una maleta de cartón llena de papeles, documentos, fotografías, que hoy he decidido quemar sin ninguna razón. Una luz sale de mi locura. Oscurece mis nervios. Estoy cansado de pensar en la muerte de mi abuelo. Hoy me he que dado solo. Mis tres mujeres me han botado. No tengo a nadie a mí alrededor. Sólo un espejo roto, unos zapatos viejos, un escaparate amarillento como el tiempo, unos libros tirados en el suelo. Un pájaro se oye cantar a lo lejos. Me gusta su canto, pero aun así no logro comprender el mundo. Tan vez por eso me he quedado solo”. 6

Existe una conciencia teórica del poeta, un lenguaje mimético para poder fantasear, pero no es enteramente sentencioso y se remite al lector para enredarlo en la realidad y crudeza de la vida cotidiana:

“Prefiero seguir
vagabundeando en silencio
por las enfermas calles
de mi pueblo
hacer el amor
con mis putas
como si fuéramos simples
perros callejeros”. 7

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6 Ibidem, p. 16
7 Ibidem, p. 30
Al abordar la poesía confesional emprende un reto complicado, Pereira Meléndez no falló en su búsqueda particular, pues en cada composición hay muestras indelebles de un reino “alucinante y árido” donde se encuentra la memoria de los actos provincianos que se despiertan cada día con su carga de esteroides convencionales:

“Ha dejado de llover
pero aún sigo triste
como un simple mendigo
que cambia unos zapatos viejos
algunas colas de cigarrillos
por un minuto de felicidad”. 8

En ese disfrazamiento poético, al lado de la técnica misma empleada por el poeta caroreño, se consignan los detalles a través de la imagen escrutadora, en su vagaje por el mundo distorsionado por sus maravillas. Catálogo habitual de los creadores emergentes de fin de siglo XX; Ciudad día de Juan Pinto, y Babilonia de Blas Perozo Naveda, forman parte de ese circulo lírico donde la ciudad adquiere el rango de motivo temático. Estas huellas de las influencias son esas inclinaciones que nos hacen viajar por un mundo extraño, para luego transportarlo a nuestra creatividad, situación que no es vertedero de sorpresa por la frecuencia que algunos escritores manifiestan la adecuación de su estilo, tal como sucede con las tendencias y técnicas que se ponen de moda con el correr del tiempo, por eso la referencia a estos poetas que hacen de la insularidad su norte de irradiación creadora.

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8 Ibidem, p. 37
2. EL REINO DE LA IMAGEN

En la obra de Leonardo Pereira Meléndez el plano poético tiene un nivel técnico preponderante basado en la imagen, en el mapa de todo su quehacer literario esta figura se impone en forma metódica; esta idea de lituralizar aspectos de la existencia en un universo llamado Carora adquiere un reflejo barroco: viajes en el diario vivir, la apariencia de la urbe legendaria, lo figurado de los pecados capitales, la muerte ilusoria y el maquillaje de lo real. Tal vez por eso no deja de mostrar las aguas negras de un punto dentro de una galaxia llamada Hispanoamérica con su ramificación de crónicas dentro de una crónica pendulante. Motivos de la factoría de una temática significante. Leonardo Pereira Meléndez como Juandemaro Querales trata de armar el rompecabeza lírico en planos alternos, juntados sus pedazos mediante los vestigios de elementos asimilados de la vida para inventariar el paisaje alucinante y maravilloso que lo representa las invenciones de historias amorosas o bifurcaciones desprendidas de la conciencia teórica del escritor:

“... la imagen y/o metáfora revela la interdependencia entre todas las cosas y objetos de pensamiento, alienta una intención de unidad ontológica. A un mundo caracterizado por la heterogeneidad y la fragmentación, la imagen opone su función unificante y reveladora. En este sentido, al poesía colinda con la experiencia mística, pues como ésta realiza la fusión entre el sujeto y objeto, materia y espíritu”. 9

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9 Mitre, Eduardo: Huidobro, hambre de espacio y sed de cielo. Monte Avila Editores. Caracas. 1980 p. 15-16
En las últimas décadas del siglo anterior muchos poetas coincidieron en recrearse en nuestra lengua materna para dar muestra global sobre el instrumento del lenguaje lírico: Vicente Gerbasi en Mi padre el emigrante, Rafael Cadenas en Los cuadernos del destierro, Eugenio Montejo de Terredad, Luis Alberto Crespo en Costumbres de sequía, Juan Sánchez Peláez en Elena y los elementos, Alfredo Silva Estrada en Acercamientos, son partes de una muestra donde se hace patente la depuración textual de las composiciones literarias, claro está, entre tales obras y Confesiones a media luna, hay un eslabón técnico, pero hay una perspectiva en ensayo-poético donde el lirismo adquiere unificación en lo intrínseco creativo. Este poemario emplea elementos formales provenientes del aprendizaje ofertado por Juandemaro Querales en un orden sistemático, donde apela a las teorías de nuestras letras hasta cerrar un ciclo con literaturas foráneas de los diversos continentes, por eso vemos en la estructura de la obra de Pereira Meléndez un ordenamiento para expresar su visión del universo caroreño, desarrollando situaciones en una pluralidad de momentos conectados con sentido de integridad:

“Escribo porque a veces me canso de la realidad infalible que circula a mi alrededor. Para olvidar que existo, para recordar mi adolescencia escéptica, la mirada resignada del averno, para reírme del orbe donde habito, porque solo escribiendo puedo sentirme agradecido del universo. Escribo no para pasar a la historia de los grandes hombres imbéciles y apócrifos, sino que escribo porque me da la gana”. 10

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10 Pereira Meléndez, Leonardo: Oport. Cit., p. 39
3. NOTAS DEL AMOR

El aspecto amoroso toma la estructura del romancero acercándose a los mejores exponentes del género en este renglón, rescatadas del cementerio de la memoria del autor, los parientes y las mujeres tienen un espacio que abre las puertas de una valiosa experiencia a través del proceso del tiempo y la imagen descriptiva de la interioridad con la referencia sentimental:

“Cuando recuerdo tus hermosos senos, presiento que estoy en el tártaro de una mariposa. Quizá por eso no dejo de recordar, con ansiedad, el hermético lirio de tu sexo”. 11

El retiro solidario en la celda de castigo como un monje dominio le ha brindado la oportunidad de ver el mundo con otro perfil, situación que lo ha hecho meditar y profundizar más en el plano del amor con mayor detenimiento, pero el carácter evocador en Confesiones a media luna dispara sus composiciones idílicas con rumbo establecido:

“Tu mirada misteriosa despertó mis ilusiones, con sonrisa apócrifas, frases fabricadas sin amor, y yo, te entregué las pasiones eternas de la vida. Cuando dormía pronunciaba tu nombre, y tu imagen, tu bella imagen palpitaba en todo mi cuerpo. Sí, tú fuiste mi ilusión. Y ahora no comprendo como es el rostro de la luna, después de soñar despierto. Ahora no sé como explicarle al corazón que debo olvidarte, cómo hacerle olvidar tan sublime y lindo sueño”. 12

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11 Pereira Meléndez, Leonardo: Oport. Cit., pag. 50
12 Ibidem, p. 12
El empleo de los fenómenos que provoca la crónica amorosa va hilando las incidencias de la descripción del amor, la interpretación de sus efectos, las situaciones típicas, el comportamiento de las veladas con sus amantes, hacen que Pereira Meléndez trafique por un túnel misterioso, sin contar con un ovillo para salir del atolladero, Yaditza, Moraima, Yennys, sus abuelos, la madre, desfilan por los poemas como parte de un cuadro familiar que se almacena en el terreno del pensamiento:

“Amor:
Nadie sabe que el 2 de marzo
Se nos gastaron los labios
De tanto besarnos el alma,
Dando nacimiento
Al amor
Que jamás
Volverá a nacer
En la faz de la tierra”. 13

Como parte de ese extraño elemento de incursionar en la fenomenología del amor, el poeta caroreño no nos cita ampliamente estratos de la ciudad mítica donde transcurre cada idilio particular, sino que se dedica a dejarla sugerida o que el lector intuya que se trata de la urbe donde él pasa el resto de su vida, esta locación nos llega por el tono que Pereira Meléndez imprime, ésta todavía es la población que goza de las serenatas, los encuentros fortuitos, los amaneceres sin el peligro de los tiroteos entre policías y ladrones, por eso hemos visto un mundo mágico en el contexto ilusorio de la realidad.

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13 Ibidem, p. 27
4. LA VIOLENCIA COMO EXCUSA

El reflejo de la problemática del mundo actual es un tópico muy importante en toda la obra poético de Leonardo Pereira Meléndez, la evocación de la violencia es algo deshumanizante porque acarrea una valoración desajustada de la realidad en nuestras ciudades y el entorno en las capas sociales desfavorecidas:

“Es evidente que el termino de “violencia”, incluso en una aceptación ya limitada a lo sociohistórico y sociopolítico, es lo suficientemente amplio como para acertar cuatro grandes líneas de temas: la injusticia social (pobreza, hambre, racismo, desempleo, analfabetismo, etc); la corrupción gubernamental y de la burguesía en general; la tortura, persecución, represión, cárcel, crímenes emanados del gobierno a través de sus fuerzas armadas, policiales, etc; y la lucha revolucionaria”. 14

Las últimas décadas para el dominio colectivo ha dejado una lastimosa situación que ha llevado al país por una profunda crisis y una traumática situación ideológica; percibimos una erosión incisiva evolucionando fríamente y alarma estos cuestionamientos dramáticos sobre un sector de la población, un ataque sistemático que nos escapa de la intuición creativa del poeta:

“Pero hoy el cielo tiembla
porque los niños pobres
de Barrio Nuevo, del Cerrito de la Cruz
de El Roble, de Campanero, de La Osa

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14 Miranda, Julio: Proceso a la narrativa venezolana, Oport. Cit., pp. 221-222
corren desnudos
por las enfermas calles de mi pueblo”. 15

Para el escritor en continuo desarrollo y con profundas raíces políticas de izquierda o marxista, la violencia forma parte de un tema de cierta importancia relativa, esto ocasiona que se asuma una visión crítica con un análisis distorsionado del gobierno de turno, los credos ideológicos lo envuelven en su mampostería retórica partiendo de la premisa valorativa de su búsqueda ética, trata por intermedio de dicha situación de recrear la bifurcación de visiones con una lógicongruente, tomando el lenguaje como arma y su producción creativa como elemento de combate. Los grandes cambios tecnológicos y el progreso de las ciudades cáncer albergan un sello indeleble donde coexisten infinitos problemas que afectan al hombre, siendo el marco de la violencia la parabólica que atrapa la atención del escrito:

“El uso de la técnica para servir sólo afanes sociales, políticos, espirituales, pero sin tener en consideración el progreso del nivel material del individuo o del grupo, trae consigo el primitivismo del hombre en cuanto al sujeto de necesidades perentorias, inmediatas e indispensables, llegando incluso a su desvigorización biológica. El no dar satisfacción a sus necesidades materiales fundamentales le convierte en un paría en lo social”. 16

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15 Ibidem, p. 52
16 Láscaris Comneno, Teodoro. El Nuevo humanismo, Carora, Atenero de Carora “Guillermo Morón”, 1997, p. 112

5. POESÍA CONVERSACIONAL

Dentro de ese proceso formativo que delinea el trabajo posterior de cada escritor, la influencia de Tito Núñez Silva, Eddy Rafael Pérez y Juandemaro Querales, aportan el contacto del tránsito por las escuelas de Letras de nuestras universidades, poniendo en contacto a Leonardo Pereira Meléndez con la literatura más reciente que se ha venido haciendo en el país. En ese evolucionarte repertorio de asimilación formal según lo cual podemos ver ha un grado apremiante en la captación de trabajos de otros escritores sin importar su nacionalidad. En cierto episodios de su obra total, Pereira Meléndez se acerca a composiciones del poeta español José Hierro, tal vez parezca una exageración, pero no podemos olvidar el hecho de coincidir con muchos poetas por medio del Internet, la televisión y los mismos medio impresos: la lectura nos une a los pueblos de nuestro planeta, pero esto no deja a un lado la multiplicidad de tendencias literarias, cosa que se deriva de estudios de Bachelard, Jakobson, Lukács, Benjamín, entre otros; el abstracto correspondiente tal vez lo insinuó Pedro Lastra al referirse a la poesía convencional, cuando consideró un estudio sobre la antipoesía, dando con el caso que el poeta peruano Enrique Bustamante Ballivián y Vicente Huidobro en el Canto IV de Altazor. Este proceso rige la revolución creadora de Leonardo Pereira Meléndez, obteniendo un modelo de madurez con el avance del tiempo, los ejercicios diarios y el deseo de mejorar a nivel de composición, tratando de poner de manifiesto los encuentros analíticos y las jornadas de discusiones como punto de partida:

“La escritura es un simulacro del habla que parece muy útil para la memoria, el haber, la imaginación, pero que resulta contraproducente. La gente se confía y no desarrolla su propia capacidad. Pero aún: llega a creer que sabe porque tiene libros. La conversación depende de los interlocutores: quienes son, qué saben, qué les interesa, qué es lo que acaba de decir. En cambio, los libros son monólogos desconsiderados: ignoran las circunstancias en que son leídos”. 17

Al citar a Gabriel Zaid lo hago para establecer un paralelo ligado al punto que se trata de dilucidar sobre la obra de Leonardo Pereira Meléndez, tomando en cuenta la contradicción que plantea, podemos notar la finalidad del funcionamiento de la poesía, brindando ese potencial lingüístico y dándole vida a esa permuta del redescubrimiento de la faena de la escritura. La conversacional funciona de una manera grave, sumando el aspecto del humor, degenerando a veces en prosaísmo y en estructura sencilla:

“La poesía conversacional tiende a afirmarse en sus creencias, que en un caso son políticas y en algunos otros son, incluso religiosas.
En la poesía conversacional (aunque también, llegado el caso, es crítica del pasado) hay evocaciones con cierta ternura de zonas del pasado y, sobre todo, es una poesía que es capaz de mirar el tiempo presente y de abrirse al porvenir.
Suele señalar la sorpresa o el misterio de lo cotidiano.
Es más difícilmente encerrable en fórmulas, y por ahora no parece tender tanto a encerrarme sobre sí, sobre su propia retórica, sino a moverse hacia nuevas perspectivas”. 18

Aunque no consideramos que la obra de Leonardo Pereira Meléndez cae en lo panfletario, si podemos decir que aborda aspectos de la realidad con un manto lírico y con su sello personal, empleando con un margen de la economía la retórica en un plano transparente sin apelar a rebuscamientos ornamentales, el poder dominar los
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17 Zaid, Gabriel: Los libros y la conversación, en Criterion, Caracas, n. 7, p. 31. agosto de 1993
18 Fernández Retamar, Roberto: Oport. Cit. P. 140

recursos propios de los procedimientos poéticos, termina por darle una excusa a este joven poeta caroreño para proceder con soltura en las líneas de la historia individual que cada quien va elaborando a través del mundo en la literatura; la visión que ha logrado concretar Pereira Meléndez, aunado a las preceptivas y mecanismos conceptuales de orden filosófico, complementan ese collage de aprendizaje que en forma generalizada conjugan su vocación poética para pasearse por las páginas en blanco, para hilvanar un trabajo exitoso.

CONCLUSIÓN

El abordar la obra de Leonardo Pereira Meléndez, resulta de ese deseo de indagar en la creatividad de ese joven escritor que trata de evocar y compartir un lenguaje respetable, brindando la fuerza de un estilo y un destino mediante una profunda reflexión. La idea nunca fue tomar en cuenta alguna figura dentro de la literatura tradicional venezolana que engorda día a día su bibliografía como en el caso de Arturo Uslar Prieti, tampoco para caer en la lectura complaciente para satisfacer el ego de cualquier vanidoso criollo. El hecho que escritores venezolanos no obtengan un público a nivel internacional también se debe a la poca atención que se le presta en el territorio nacional, esto no contribuye a fomentar una tradición literaria de peso que llame el interés del lector, pues no se hace tampoco un trabajo publicitario de envergadura como en otros países de habla castellana o continente de otras latitudes.

Este trabajo se enfocó basado en el fundamento de analizar ese universo creado por un escritor en pleno desarrollo intelectual y el hábito de tratar de fortalecer su compromiso con la palabra. En este tránsito de Leonardo Pereira Meléndez por la literatura podemos notar la asimilación de técnicas y ciertos procesos estilísticos con la finalidad de sufragar el aprendizaje obtenido en los distintos talleres literarios en donde ha intervenido, sumado al ejercicio diario y la reflexión individual. De esta pasantía en la escritura podemos citar algunas aspectos que él ha venido amasando y fructificando en libros con argumentos inteligentes.

La puesta en marcha por parte de Leonardo Pereira Meléndez en su animación creadora y los principios teóricos adoptados de su evolución intelectual lo convierten en un exponente sensible en su formación evolutiva en el campo de las letras vivas. Esto la facilitará el formulario de sus virtudes, tomando en cuenta la facultad de insertarse en el proceso de las letras nacionales con un perfil bien estructurado, al asumir la irradiación de argumentos formales y de basamentos racionales.
El sentido estético de sus visiones providencianas superan el color local, dando como consecuencia un manejo investigativo de la realidad llevada a un aspecto maravilloso con una perspectiva emparentada con nuestros mitos más acuciosos, donde abandone esa forma estéril de dar formulaciones imprecisas derivadas de una retórica inusual.

Leonardo Pereira Meléndez es un escritor integral en franco crecimiento, aspecto que desde su aula filosofal le ha permitido meditar ampliamente, el interés por dar a conocer esas extrañas criaturas literarias que son despertadas de su letargo por nuestros demonios interiores, tempestad inagotable de la creación del hombre ante la página en blanco.

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Carora, estado Lara, Venezuela. (1966). Abogado. Doctorado en Jurisprudencia. Postgrados: Especialista en Derecho Penal; Especialista en Derecho Procesal Penal; Especialista en Literatura Latinoamericana. Miembro de instituciones culturales y jurídicas del país. Académico de Honor de la Academia Euroamericana de Artes, Filosofía y Letras. Autor de variados libros de poesías, crónicas y ensayos.

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