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Racismo y Xenofobia en República Dominicana contra Haití: Experiencias


By Carlos Miranda Levy - Posted on 17 Noviembre 2007

Recientemente en uno de nuestros foros un extranjero insistía negar la existencia de racismo en mi país, República Dominicana, diciendo...

"Dime Enriquillo, tu que eres dominicano, ya sabes que llevamos el negro detrás de la oreja, Alguna vez has visto que le hayan negado la entrada a alguien en algún lugar por ser negro? o le han negado un trabajo? a algún haitiano has visto a alguien ofenderle solo por ser negro?"

Pues yo sí he "visto que le hayan negado la entrada a alguien en algún lugar por ser negro" y he escuchado "a alguien ofenderle solo por ser negro". Con mis propios ojos y oídos, en mi presencia y en más de una ocasión y con un descaro increíble.

Restringir el acceso a las personas de color es una práctica común en varios establecimientos de entretenimiento nocturno al menos en la ciudad de Santo Domingo, a pesar de que frecuentemente es denunciado por los medios, pero las autoridades no intervienen y la discriminación y el abuso persisten.

Los Hindúes en la Disco

Un día, con unos amigos, conocimos unos hindúes en un bar, y como buenos dominicanos, adoptamos a los extranjeros como parte del grupo y los invitamos a acompañamos a la disco de moda en ese entonces.

Al llegar a la disco, entraron mis amigos, entro yo y cuando me doy vuelta veo que los hindúes no entran, me devuelvo a ver qué pasa y encuentro que el encargado de la puerta del establecimiento le está explicando a los hindúes que hay una fiesta privada en la disco y no pueden pasar!!!

¿Fiesta privada? Si yo y mis amigos entramos sin que nos dijeran nada. Sólo en ese momento me percaté de que la piel de ellos era ligeramente más oscura que la mía.

Indignado, le exigí razones al portero que impedía la entrada de mis nuevos amigos y él me dijo que no podía hacer nada, que sólo cumplía sus instrucciones. Le pregunté si él no se avergonzaba de no permitir entrar a otras personas por el color de piel, siendo él mismo de tez oscura como la noche. Ante mi reclamo, obviamente salieron dos empleados más de la disco a vigilar mis acciones mientras el portero me recomendaba que si quería entrar lo hiciera ya o que me fuera, pero que ellos no entrarían.

Ha de tenerse en cuenta acá que los hindúes ni siquiera hablaban español, así que no se trataba de un caso de anti-haitianismo ni de clasismo.

Si eso no es racismo...

La situación que relato arriba me ocurrió a mi, pero es algo frecuente en las discos y "lounges", como se dice ahora, de moda en Santo Domingo.


Todo dominicano tiene numerosas historias de racismo para contar, pero o las negamos consciente o inconscientemente o simplemente no nos parece racismo.

Acá cuento algunas anécdotas que he vivido en mi familia como muestra.

¿Matrimonio Mixto?

Tengo un familiar cercano que cuando anunció que se casaría con su novio de color oscuro, su padre le dijo así, delante de mi: "Estimada hija, sabes que en esta casa no somos racistas y lo sabes por tu crianza y ves como incluso mi mejor amigo es negro. Pero el mundo es racista. No hemos dicho nada y hemos aceptado tu noviazgo sin opinar. Pero realmente deseas que tus hijos lleven la carga de lidiar con el racismo en su vida, cuando pudieran perfectamente no tener que hacerlo.". El razonamiento del padre parecía impecable: "No soy racista, pero los demás lo son; no te cases con un negro, porque tus hijos serán negros y los van a discriminar". Pero por más cariño que le tuviera a su padre, sólo puedo resumir la situación como una clara manifestación de racismo.

He de aclarar acá que, a pesar de la anécdota que cuento arriba, las relaciones y los matrimonios mixtos
son bastante frecuentes en mi país.

Un Negro Dirigiendo el Tránsito

Otra vez recuerdo estar en el cementerio el día de las madres. Toda la familia había acudido a llevar flores a la tumba de mi abuela. Al regreso, ofrecí a mi tía venir conmigo en mi vehículo, pero el tránsito era caótico dentro de las estrechas calles del cementerio. En una de las intersecciones, un hombre de piel bien oscura, con pocos rasgos de mestizaje, estaba tratando de aliviar el caos, haciendo las veces de policía de tránsito improvisado. Esto lo hacía por ayudar, ya que nadie le pagaba por ello y una vez liberado el paso, los vehículos pasaban de largo sin siquiera dar las gracias... Mientras esperamos que este proactivo y solidario ciudadano nos de paso, quedo frío al escuchar las palabras de mi tía diciendo "A lo que ha llegado este país, un negro dirigiendo el tránsito, te imaginas uno esperar que un haitiano le tenga que dar paso...". A mi tía la quiero mucho, pero nunca la vi igual desde entonces.

El Haitiano que los Mataría a Todos

Otra tía mía tuvo por años a un haitiano que servía para todo en su casa: era jardinero, pintaba la casa, lavaba la marquesina, hacía los mandados, arreglaba las cosas. Y todo lo hacía con una sonrisa en el rostro siempre. A mi me parecía bien intrigante esa sonrisa perenne y me preguntaba si era fruto de alguna afección nerviosa o muscular que le afectara el rostro, aunque lo más probable es que sonreir fuera su forma de compensar su escaso manejo del idioma español.

Recuerdo un día llegar a casa de mi tía en compañía de otro familiar mayor, y este familiar decir "Un día va a pasar algo con ese haitiano, mucha sonrisa, pero tengo miedo que un día coja un machete y los mate a todos o haga algo..."

Los Niños Empalados por Haitianos

Recuerdo cuando era niño e iba a visitar a mi padre que en ese entonces tenía un proyecto en la ciudad de Higüey en el Este, que las personas que trabajan en la casa y que debían cuidarme cuando él no estaba me decían que no me alejara mucho, porque había haitianos en la zona y que no hacía mucho se había perdido un niño y que lo habían encontrado muerto clavado en una estaca como parte de algún ritual que realizaba el haitiano que lo secuestró.

Reflexiones Finales

En las vivencias familiares que relato arriba yo tenía poca edad y ni siquiera opiné o contradije lo que decían mis familiares, quizá por el shock que me causaron, quizá por el respeto a su autoridad como mayores.

Afortunadamente mis padres me criaron a mi y a mis hermanos sobre principios de respeto, tolerancia y apertura y esos hechos no llegaron a influir en mi percepción de las personas. Pero imagino que si hubiera sido más joven o si no hubiera tenido el fuerte ejemplo de mis padres, pudieran haberme influenciado dichas actitudes.

A todo esto, quizá es un problema generacional. Quizá las viejas generaciones son más racistas, mientras que los jóvenes son más abiertos. Pero la realidad está acá, ante nuestros ojos y no podemos pretender negarla.

Claro está, vivimos en un país mixto y de mestizajes. Buena parte de nuestros compañeritos en la escuela, amiguitos del barrio, compinches de la adolescencia, compañeros de la universidad, colegas de trabajo, empleados y socios en negocio llevan una buena dosis de color y sazón en la piel.

Pero eso no es argumento para afirmar que el racismo, el clasismo y el favoritismo por la piel clara, los "moños buenos" (pelo lacio) y facciones caucásica persista en nuestra sociedad.

Al igual que en Chile, Perú, Bolivia, México y otros países, las publicidades en vallas, letreros y en Televisión muestran modelos de piel blanca y pelo lacio y se nos imponen como estereotipos de belleza con los que somos bombardeados desde pequeños constantemente.

¿Justificaciones Históricas?

Y sobre el triste argumento de que se justifica el odio hacia los haitianos porque nos invadieron en 1822 y que cometieron numerosas atrocidades en sus 22 años de ocupación, buena parte de ellas motivadas por racismo, hemos de recordar igualmente la matanza de haitianos ordenada por el Dictador dominicano Trujillo en 1937, que costó la vida a miles de inmigrantes haitianos en nuestro territorio.

Ni los haitianos de hoy son aquellos cuya constitución prohibía a los blancos tener posesiones o hacer negocios y cuyo líder al triunfar su revolución había mandado a expulsar o matar todos los blancos de Haití; ni los dominicanos de hoy somos Trujillo.

No podemos justificar injusticias, discriminaciones, odios y rencores presentes y futuros sobre la base de crímenes y atrocidades del pasado, en particular cuando han ocurrido por ambas partes.

Esto no es una competencia de quién ha tratado peor, ellos o nosotros? Pero si a eso vamos, los dominicanos tenemos peor cara que mostrar, con el tráfico ilegal de haitianos para proveer de mano de obra barata a la industria azucarera y las deplorables condiciones de los habitantes de los bateyes, desprovistos de servicios básicos y sin que se les reconociese derechos mínimos.




Carlos Miranda Levy

República Dominicana
Coordinador de los proyectos de CIVILA, Educar y Bibliotecas Virtuales. Interesado en comunidades virtuales, aprendizaje colaborativo, tecnología en la educación y estrategias de tecnología de la información para el desarrollo humano.

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